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Pedro de Tena

Solución a la andaluza o disolución a la catalana

No se ha explicado la trascendencia de la solución andaluza para el presente y el futuro de España. Luego vendrá el llanto.

Pedro de Tena
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El miedo hacia el experimento andaluz de gobierno tripartito de PP, Ciudadanos y, quieran o no estos últimos, Vox, se ha convertido en la estrategia de una izquierda recosida tras el error de Pablo Iglesias de 2016. Entonces, recuerden, el ahora modoso y rico vecino de Galapagar dejó pasar la oportunidad de permitir un gobierno de Pedro Sánchez y Albert Rivera, si, Rivera, reclamando el oro y el moro a un Sánchez que no pudo entonces acceder a La Moncloa. Es más, la inyección de terror en el votante está directamente vinculada a la experiencia andaluza.

Está por ver si este próximo día 28 las cifras reales que arrojen las urnas confirman que el pánico diseñado por Moncloa ha sido suficiente. O, dicho de otra manera, este domingo se sabrá si la labor del nuevo gobierno andaluz ha sido tan efectiva como para que Andalucía repita unos resultados parecidos a los del pasado 2 de diciembre que permitió el cambio histórico y se sabrá asimismo si este cambio atrae más que atemoriza al resto de España.

En las pasadas elecciones andaluzas, el centro derecha logró la mayoría absoluta real en el Parlamento y sumar 800.000 votos largos más que el PSOE y 200.000 votos más que PSOE y Podemos juntos. ¿Es posible en los tan sólo 100 días de un nuevo gobierno que se produzca un vuelco electoral tan acentuado como el que anticipa Susana Díaz anunciando que va a conseguir 500.000 votos más o tal profecía es sencillamente el mero deseo de quien quiere seguir estando viva tras estos comicios?

Cree Díaz que todo dependerá de la participación, pero parece evidente que lo que va a aumentar no es sólo la afluencia de la izquierda andaluza a los colegios electorales, sino que el centro derecha también vota y que, en las elecciones generales de 2011, el PP obtuvo casi dos millones de votos y con los votos de UPyD sumaron casi 2.300.000 votos. ¿Qué harán esos votantes que anhelaban el cambio que finalmente se ha producido? ¿Quedarse en casa para permitir la vuelta del PSOE en Andalucía y la oscura senda sanchista hacia la nación de naciones sin España? Seria bien raro porque no tiene en cuenta el factor activador del voto de la derecha que representa Vox, al que sus adversarios siguen dando alas sin descanso.

Lamentablemente, aunque por culpa directa del centro derecha, el PSOE casi ha logrado eludir el rejón de castigo que supone la gestión socialista de la Junta de Andalucía durante casi 40 años a pesar de los hechos escandalosos denunciados por el nuevo gobierno andaluz. Tampoco la inmensa corrupción socialista en Andalucía ha sido suficientemente destacada, ni en los debates celebrados ni en ningún acto electoral. Ni siquiera se han tremolado los datos del empleo andaluz, mejores que los nacionales por vez primera en años.

Cuando en España no hay otra alternativa que una solución española a la andaluza o una disolución nacional a la catalana, parece muy desacertado que no se ha explicado mejor la trascendencia de la solución andaluza para el presente y el futuro de España. Luego vendrá el llanto y el crujir de dientes, incluso en el PSOE, que se juega la autodestrucción con Sánchez o la refundación socialdemócrata nacional si el "resistente" no aguanta.

El domingo 28 es una gran oportunidad para encauzar el porvenir de una Transición democrática que no ha terminado, sino que se ha desviado desde la reconciliación al enfrentamiento. Pero enderezar los entuertos derivados de aquella buena voluntad política traicionada por los nacionalismos y una parte de la izquierda y desacreditada por comportamientos inapropiados del centro derecha, exige un plan de reformas que no se pueden aplazar. O eso o un caos.

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