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Cuando los locos andan sueltos

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Los asesinatos cometidos por perturbados no paran de aumentar. Sólo en Madrid se han producido en las últimas semanas cuatro. En el barrio de La Estrella, el loco de turno acuchilló por la tarde-noche a un vecino y padre de familia que regresaba de su trabajo. Hace unos días, otro loco se coló en la vivienda de su familia de la que había sido expulsado y mató a su madre. Ahora, una médico esquizofrénica se presenta en su puesto de trabajo en un hospital con un cuchillo de cocina y mata a tres personas.

La situación de libertad e impunidad absoluta de los enfermos mentales es casi idéntica a la de los delincuentes, y como ésta, heredada del PSOE en los años 80. La filosofía penal de Fernando Ledesma y de los Jueces para la Democracia de que eran la cárcel y la sociedad las responsables de la delincuencia tiene su equivalente en la medicina. Los causantes de la locura son la sociedad y los manicomios. Lo mejor para que el loco se cure y el delincuente se reinserte es que se mantenga en su ambiente, sin represiones ni intervenciones.

Así, el PSOE dejó a los locos a cargo de las familias. Por si era poca la desgracia de tener a un hijo perturbado, los ministros y médicos socialistas añadieron la condena de encerrar a los padres y hermanos con el enfermo. Las consecuencias las estamos viendo. No hay ningún control sobre los locos y cuando a éstos se les cruzan los cables cogen un cuchillo y apuñalan al primero con el que se cruzan.

Al igual que cuando un violador que disfruta de un permiso carcelario viola y mata a una mujer salen en defensa del sistema los jueces y juristas, tanto progres como de derechas (todos viven del sistema y, la verdad, así tienen menos trabajo) en estos casos los médicos insisten en que son errores imprevisibles y que no se ha de reformar el excelente y humano (?) sistema de atención.

Después de años de sometimiento a la dictadura cultural del progresismo, el Gobierno del PP ha reformado el Código Penal con el criterio de endurecer las penas. Ojalá haga otro tanto con los locos. Si hay que volver a abrir los manicomios, que se haga. Muchas familias lo agradecerán.

Por cierto, ¿qué hacía una médico esquizofrénica atendiendo a pacientes?, ¿lo sabían éstos?, ¿alteraba su enfermedad su juicio? Por mucho que la presidenta del Colegio de Médicos de Madrid afirme que se trata de pacientes normales siempre que tomen su medicación, creo que los ciudadanos nos merecemos que no se nos trate como a tontos. Si los perturbados tienen derecho a mantener su vida, también lo tenemos los demás.

Cuando nosotros hayamos olvidado esta tragedia, la médico esquizofrénica podrá reincorporarse a su puesto, ser incluso funcionaria, diagnosticar a pacientes y contar con la protección corporativa de su colegio. ¿La cárcel? Ni la pisará. Se trata de una inimputable.

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