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El Parlamento vasco, al servicio del Ibarretxe

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Entre las consignas que el aparato mediático al servicio del nacionalismo vasco repite sin parar hasta convertirlas en algo aceptado está la de la baja calidad de la democracia española, defecto que justifica la rebelión de los vascos honrados. Según han explicado Xabier Arzallus, Iñaki Anasagasti, Emilio Olabarría, Joaquín Navarro y Joseba Azcárraga, entre otros orates, las dudas sobre la democracia española responden a que el Gobierno nacional ha sometido a sus órdenes a los poderes Legislativo y Judicial. Es tradición en el abertzalismo ver en su adversario el reflejo de los deseos y las conductas propios.

En la comunidad vasca, el Parlamento no es el órgano político que controla al Gobierno autónomo, sino que el Ejecutivo dispone de él a su conveniencia. Lo que decimos se ha comprobado en los debates de los presupuestos para 2002 y 2003. Como el lehendakari no conseguía hacer aprobar su proyecto de presupuestos para el año que ahora concluye, el presidente de la cámara, Juan María Atutxa, recibió la orden de cambiar el método de votación. Las enmiendas a la totalidad que pedían la devolución del proyecto al Gobierno no se votarían de manera conjunta en el pleno, sino separada, una reforma que contradice toda la práctica parlamentaria. En el Congreso de los Diputados esas enmiendas, que se presentan al comienzo del debate, se votan por el pleno todas juntas; si se aprueban, el Gobierno debe elaborar unas cuentas nuevas y si no prosigue el debate, con enmiendas parciales. Atutxa cambió las reglas de juego para facilitar a su partido, el PNV, la aprobación de las cuentas para 2002 sin tener que rebajarse a pactar con los constitucionalistas y, a la vez, evitar la prórroga del presupuesto precedente.

Tanto el PSE-EE y el PP-UA, como Batasuna rechazaban ese proyecto de ley. Los tres grupos reunían 39 parlamentarios, frente a 36 del Gobierno. PP y PSE-EE, pese a las insidias de haber arreglado un pacto con Batasuna para boicotear al pobre Ibarretxe, no apoyaron la enmienda presentada por el grupo de Arnaldo Otegui, el etarra Urrutikoetxea y la sobrina del obispo Uriarte. Al final, los presupuestos de 2002 entraron en vigor con enmiendas pactadas entre PNV-EA-IU y Batasuna. Los presupuestos para 2003 llevaban el mismo camino, pese al fraude reglamentario. La sociedad española iba a contemplar a un Gobierno en minoría pero ebrio de soberbia que se negaba a negociar con los partidos nacionales para no retirar las medidas que aplicaban el plan separatista de Ibarretxe. Sin embargo, el Tripartito se ha aprovechado de las ausencias de cuatro parlamentarios, dos de Batasuna, uno del PSE-EE y uno del PP para recurrir a una treta de filibusterismo parlamentario. Los portavoces de los partidos que sostienen a Ibarretxe renunciaron a sus turnos de intervención, con lo que el plazo previsto para la votación de las enmiendas se adelantó varias horas y Jaime Mayor Oreja, ausente al comienzo de la sesión, se quedó fuera del hemiciclo y no pudo votar. El Reglamento del Parlamento vasco establece que en caso de empate se debe efectuar una nueva convocatoria y si se repite el empate, el proyecto se daría por rechazado.

Seguramente se habría producido un acuerdo entre el PNV y Batasuna, como ocurrió en enero, pero esa certeza no le resta importancia a la negligencia de la oposición.

Ibarretxe y Atutxa han logrado aprobar unos presupuestos pese a hallarse en minoría. ¿Cuándo aprenderá la oposición que trata con desvergonzados? La conclusión es que el PNV avanza, no tanto por sus méritos como por los errores ajenos. Esta votación ha sido el primer acto en que los nacionalistas moderados se benefician de la persecución del terrorismo y sus encubridores realizada por el Gobierno del PP. Josu Ternera ha huido para escapar a un juicio en el Supremo. Por cierto, ¿dónde estaba Mayor Oreja?

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