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El PNV recupera el centro y al PSOE

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Este Gobierno parece formado por prestidigitadores, pues cada día nos distrae con un nuevo truco: déficit oculto, sumisión a Francia, leyes de género, abandono de los saharauis, subvención al islam... Cuando ZP y sus ministros se cansan, salen a la pista los Fantásticos Hermanos Catalanes. Tan ensimismados estamos que las maniobras del PNV nos pasan desapercibidas, pero como los continentes el nacionalismo vasco se mueve despacio.
 
En la transición, el PNV se convirtió en el partido central del País Vasco. Cortaba el paso a los demás partidos, que eran incapaces de aliarse entre ellos si no estaban los peneuvistas en la coalición. El PNV fue capaz de gobernar simultáneamente con el PSOE, con el PP, con EA, con UA y con HB en todas las instituciones, desde el Gobierno vasco al Ayuntamiento de San Sebastián y la Diputación de Álava. De esa cómoda postura cayó cuando Javier Arzallus suscribió el Pacto de Lizarra y ató al PNV a un bloque, el nacionalista. En frente, el PP, el PSOE, UA y UPN. Desde entonces, la Sabin Etxea se empeñó en romper la unión entre el PP y el PSOE antes de que le arrebataran el poder.
 
Primero consiguieron con la ayuda de círculos de Madrid la defenestración de Nicolás Redondo y, luego, colaboraron con el PSOE e IU en vencer al PP en las elecciones de marzo. Los nacionalistas vascos inventaron las consignas del autoritarismo de Aznar y de la democracia de baja calidad. En los últimos meses asistimos al cortejo a Patxi López y Jesús Eguiguren. Los socialistas vascos padecen la misma añoranza de moqueta y coche oficial que sus compañeros del resto de España, por lo que es posible cualquier movimiento.
 
Por de pronto, el PSOE, tanto el nacional como el vasco, ha aceptado varias de las exigencias del PNV: autorización a los presos etarras para que estudien en la Universidad del País Vasco, anuncio de derogación de las reformas impulsadas por el PP en contra de quienes convoquen referendos, acuerdo en la discusión de 32,2 millones de euros en el cupo... A mediados de mes, el secretario general del PSE-EE de Guipúzcoa, Miguel Buen, volvió a proponerle al presidente del PNV en esa provincia, Joseba Egibar, su pactos de gobierno en los ayuntamientos de San Sebastián e Irún. Los socialistas prefieren gobernar con el PNV antes que con el PP, pese a que los concejales de este partido votaron a favor de los candidatos socialistas en la elección de alcaldes.
 
El PNV también ha dado pasos para cambiar de aliados. El partido ha decidido unirse al Partido Democrático Europeo promovido por Romano Prodi. Hasta ahora, el eurodiputado jelkide Josu Ortuondo compartía con el representante de Eusko Alkartasuna y Esquerra Republicana de Cataluña presencia en el grupo la Alianza Libre Europea, que pretende ser la voz de las supuestas naciones sin Estado.
  
Hay indicios, por tanto, de que los socialistas y los peneuvistas se preparan para repetir la coalición de los años 80, de la que sólo obtuvieron réditos los nacionalistas. La excusa es la misma: descrispar. El verano puede ser la época en que los dos partidos se desenmascaren con sendos acuerdos para expulsar al PP de las únicas instituciones que controla: el Ayuntamiento de Vitoria y la Diputación Foral de Álava. Para allanar el camino, el Gobierno vasco puede retirar con cualquier excusa el Plan Ibarretxe, hasta la próxima.
 
Y esto ocurre cuando en el PNV hay tensiones internas entre la vieja guardia de Arzallus y Joseba Egibar, que controla Guipúzcoa, y la nueva dirección de Josu Jon Imaz. ¿Se acerca el partido a una nueva escisión? De ello hablaremos en otra ocasión.

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