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Inglaterra, reina de los mares por obra de Francia

Los ingleses sólo derrotaron a España y desmembraron su imperio cuando vencieron en Trafalgar al incompetente almirante Villeneuve y su flota hispano-francesa.

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Luis XIV falleció en 1715 y su muerte causó un gran alivio en sus súbditos, que estaban hartos de guerras y de impuestos. Posteriormente, los ilustrados como Voltaire, amantes del poder absoluto, lo cubrieron de elogios y sólo encontraron en él la mancha de su catolicismo; los mismos ilustrados veneraban a Federico II de Prusia, un rey militarista.

El monarca francés tiene los méritos de haber eliminado el poder de la nobleza, terminado con las guerras civiles, religiosas y señoriales y unido el país. Pero en las relaciones exteriores su último proyecto concluyó en fracaso. Después de una guerra mundial, Francia perdió su imperio colonial en Canadá y la India, asentó a Inglaterra como reina de los mares, colocó en las fronteras de Francia a Austria y se comprometió a que nunca las coronas española y francesa recaerían en la misma persona.

El Tratado de Utrecht es en realidad una serie de tratados firmados entre los contendientes de la Guerra de Sucesión entre 1713 y 1715 en la ciudad holandesa de Utrecht y la alemana de Raastat, por lo que sería adecuado denominarlo Paz de Utrecht. El tratado entre España y Gran Bretaña se suscribió el 13 de julio de 1713.

En febrero de 1712 se abrieron las negociaciones en Utrecht entre delegados de Francia, Gran Bretaña y Holanda. Felipe V y el emperador Carlos VI mandaron negociadores, pero no se les permitió la incorporación a la mesa hasta pasados varios meses. Las potencias discutían el futuro de España sin presencia de representantes españoles. Sólo Felipe V defendía la integridad de su reino y su imperio mientras que el titulado Carlos III reclamaba para sí la Italia y los Países Bajos españoles.

Los ingleses irrumpen en el Mediterráneo

El país vencedor fue el reino de la Gran Bretaña, que había nacido por el Acta de Unión de 1707 de la asociación de las coronas de Inglaterra, que ya dominaba Irlanda, y Escocia.

Con gran astucia, los ingleses rehusaron territorios en el continente europeo que les involucrasen en guerras, como habían hecho las dinastías de los Plantagenet y los Tudor. Comenzaron así su estrategia de hacerse con puntos de apoyo y puertos para su flota que rodeasen a sus enemigos y, más tarde, sirviesen de escala a la India: Gibraltar, Menorca, Malta, Chipre, Malvinas, Adén, Heligoland, Corfú, Singapur, Hong-Kong…

Luis XIV se comprometía a retirar su apoyo al pretendiente católico al trono inglés, el príncipe Jacobo Estuardo, hijo del último rey inglés católico, Jacobo II, derrocado en 1688 por la oligarquía local y sustituido por el protestante Guillermo de Orange. Las potencias católicas reconocían a la nueva dinastía protestante, que, muerta la reina Ana Estuardo en 1714, pasó a ser la alemana Hannover. El príncipe Estuardo tuvo que abandonar Francia y refugiarse en los Estados Pontificios. La Paz de Utrecht supuso la desaparición de la posibilidad de reunir Europa bajo la fe de Roma. Esto no evitó sublevaciones jacobitas en Escocia hasta mediado el siglo.

La integridad del imperio español, que fue el empeño del rey Carlos II y de su corte, se violó. Las posesiones italianas, algunas de las cuales estaban bajo soberanía aragonesa primero y española después desde el siglo XIII, como Sicilia, se las repartieron Austria y Saboya; y Flandes pasó a poder de Viena. Además, a la España peninsular se le amputó Gibraltar y Menorca.

Los ingleses rompieron el monopolio comercial español en las Indias y obtuvieron los privilegios de enviar anualmente un barco de 500 toneladas con mercancías libres de impuestos para vender en los puertos y ferias españoles en América y el asiento de negros, es decir, el tráfico de esclavos, que hasta 1711 tuvo Francia.

La reina Ana concedió el monopolio a la South Sea Company, sociedad por acciones que habían fundado en 1711 importantes financieros y hombres de negocios, entre los que destacaba el conde de Oxford. La corona británica recibió a cambio 7,5 millones de libras. Entre el 1 de mayo de 1713 y el mismo día de 1743, la South Sea Company podía introducir en las Indias españolas 144.000 esclavos negros, a razón de 4.800 por año. En el Congreso de Viena (1815) los ingleses quisieron prohibir el tráfico de esclavos, pero porque habían perdido sus colonias en América del Norte, que los demandaban.

El principio del equilibrio

En el Tratado de Utrecht desaparece el principio de la hegemonía de una potencia en Europa, primero España y luego Francia, que se sustituyó por el principio del equilibrio. Inglaterra se opondrá con su marina y su diplomacia a que un país domine Europa y para ello organizará coaliciones contra el poder ascendente. Las únicas guerras que Inglaterra perderá a partir de entonces (la de la Oreja y la de la Independencia de Estados Unidos) serán aquéllas en las que no cuente con aliados europeos.

Debido a Utrecht, España dejó de ser una potencia naval en el Mar del Norte, pero Inglaterra irrumpió en el Mediterráneo, con Gibraltar y Menorca, más la isla de Malta, que se anexionó un siglo más tarde.

España fue expulsada de Europa y quedó supeditada a Francia mediante los Pactos de Familia. Gran parte de la clase gobernante española, como el Marqués de la Ensenada, fautor de la recuperación de la marina, se alegró de que el país ya no tuviera estados en el continente que le enredaran en guerras como las vividas en los siglos XVI y XVII, de modo que la política exterior de los primeros Borbones se volcó en defender y expandir el imperio americano frente a los ingleses, recuperar Gibraltar y Menorca y reforzar la presencia en la costa norteafricana.

A partir de entonces, los enfrentamientos con los ingleses en el Caribe y el Atlántico fueron permanentes, pero en casi todos ellos venció España. La marina española, más pequeña que la inglesa, era temible: el desembarco en Escocia (1719), la victoria en el sitio de Cartagena de Indias (1741), las victorias del buque El Glorioso sobre fuerzas navales inglesas superiores (1747), la reconquista de Menorca (1782) y la rendición de los piratas berberiscos (1786).

Los ingleses sólo derrotaron a España y desmembraron su imperio cuando vencieron en Trafalgar al incompetente almirante Villeneuve y su flota hispano-francesa.

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