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La ‘ikurriña’, otro invento de Sabino Arana

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Postal Aberri Eguna 1934 | Archivo

Sobre el origen de la ikurriña, una vez desechadas las versiones fantasiosas como la de que cayó del Cielo tras la victoria vizcaína en la batalla de Arrigorriaga, hay tres versiones mundanas en las que los personajes creadores son los hermanos Arana. Cosa sorprendente ésta de la disparidad de historias sobre la creación de la ikurriña en un movimiento como el nacionalista cuyas personalidades y efemérides son tan recientes.

Una de ellas sostiene que Sabino, después de una merienda en casa del jelkide Ángel Zabala, charlaba con éste y con otro correligionario sobre su aberri (patria): Vizcaya. Surgió la cuestión de cómo sería la bandera más adecuada. Sabino cogió una caja de lápices de colores y una litografía de un buque británico que colgaba de la pared; sobre la bandera de éste coloreó la ikurriña.

Sabino afirmaba que la ikurriña provenía de la tradición bizkaina, y así lo argumentaba (Páginas de Sabino Arana):

"Es coincidencia singularísima que la bandera compuesta por los nacionalistas bizkainos de nuestros días conste de dos signos que los vascos paganos veneraron con culto preferente: la cruz vertical y la cruz oblicua. La primera significaba para los vascos antiguos al Sol, y para los nacionalistas de hoy a Dios; la segunda, simbolizaba para aquéllos la Luna; y hoy para los segundos a la constitución tradicional de Bizkaya. Diríase que éstos se han propuesto expresar con su bandera que, así como la Luna recibe del Sol toda la luz, así pretenderían que Bizkaya, una vez independiente con las demás regiones vascas, se ilustrara para su gobierno, leyes y costumbres en la Doctrina de Cristo."

Postal del Aberri Eguna de 1934

Los tres colores representaban otros tantos conceptos. El rojo es el fondo del escudo de Vizcaya, que en opinión de Sabino debía ser de ese color. El aspa verde simboliza el Árbol de Guernica y con ella quiso honrar a San Andrés, porque, según dijo sin ninguna fuente histórica que lo confirmase, la batalla de Padura se libró en la festividad del santo, el 30 de noviembre. Y la cruz blanca, a la religión católica. Los signos componían la trilogía Vizcaya, Independencia y Dios.

Sabino Arana

Inventados los colores y la palabra

Elucubraciones aparte, la ikurriña ondeó por primera vez el 14 de julio de 1894. La izó en la sede bilbaína del Euzkeldun Batzokija el socio de más edad, que era Ciriaco Iturri y Urtézaga, ex oficial del ejército carlista converso al bizkaitarrismo. El centro fue clausurado poco después debido a una denuncia por escándalo que interpuso un vecino de la casa. El juzgado confiscó esa primera ikurriña, que era de lana, y desapareció en el depósito judicial.

Aparte de inventarse una bandera y la explicación, Sabino tuvo que elaborar un neologismo para nombrarla. En euskera la palabra tradicional era banderá y, debido a su origen castellano, pergeñó ikurriña. Recurrió al verbo irakurri (leer), que supuso formado por las raíces ira e ikurri; interpretó que leer equivalía "a dar sentido" y dedujo que en el vasco antiguo existió el verbo ikurri, que tradujo como "significar". Ikurriña, pues, equivale a lo que hace significar. Pero irakurri también significa vendimiar.

De la misma manera que el presidente del Gobierno vasco se llama lendakari o lehendakari y los demás presidentes del mundo reciben el nombre de presidentua, la palabra ikurriña queda reservada para la bandera bicrucífera.

Los peneuvistas, que veneran las declaraciones de Arana, le desobedecieron cuando eligieron la ikurriña como bandera del partido. Los vascos no tenían más bandera común que la rojigualda y los pendones y enseñas de Castilla y España. Cada provincia disponía de sus símbolos. El único con tradición suficiente podía ser la bandera que escogió el Consulado de Bilbao, una cruz de San Andrés roja sobre fondo blanco, como la que usaban la Armada española y los ejércitos carlistas.

La exaltación de la bandera entre las masas abertzales se produjo en el Aberri Eguna del 27 de marzo de 1932. En un folleto escrito por él (Formulario de los principios esenciales o básico del primitivo Nacionalismo Vasco, o contenidos en el lema de Jaun Goikua eta Lagizarra), Luis Arana calificó de "crimen de lesa patria la imposición de la bicrucífera para todo Euzkadi y rara terquedad la de los que conociendo el error quieran permanecer en él. El patriota sincero y noble seguirá la verdad (...). Mañana pretenderán otros que se unifique el euzkera adoptando un dialecto determinado, por ejemplo."

E invocaba los deseos de su hermano menor:

"Si hubiera vivido Sabino no habría consentido que otra significación se hubiera pretendido dar a su bandera bizkaina. (...) La cruz verde de San Andrés que dice tanto para nosotros los bizkainos, como instituciones e independiencias, nada representa para Gipuzkoa, ni Nabarra, ni Araba."

Los jerarcas del PNV no atendieron a sus jeremiadas en el caso de la ikurriña ni en el caso del euskera; unas décadas después, convirtieron en oficial el dialecto batua (unificado), elaborado por filólogos y que los verdaderos euskaldunes no entienden. Jon Juaristi explica la testarudez de Luis Arana porque la intervención de éste en el diseño de la ikurriña fue la única labor que se le conoce vinculada con su formación de arquitecto.

El tonto útil español

El Estatuto de 1936 no determinó cuál era la bandera oficial de Euzkadi. La ikurriña seguía siendo la bandera del PNV; el otro partido abertzale, ANV, empleaba la suya, que se basaba en el lauburu. Como de costumbre, tuvo que ser un ‘tonto útil’ español el que diera la excusa al PNV. En esta ocasión se trató del socialista Santiago Aznar. Éste, como consejero de Industria, propuso al lendakari que la marina mercante matriculada en Bilbao, dependiente de su consejería, llevase en proa la ikurriña, como signo de su peculiaridad. A popa se mantenía la tricolor republicana, que debía ser dos tercios mayor. Aznar llevó su entreguismo al abertzalismo hasta el punto de fundar un partido socialista vasco.

Durante el franquismo, su exhibición acarreaba multas y hasta cárcel. Una de las protestas favoritas de los abertzales era colgarla en antenas de montes y campanarios. En los años 70, ETA la empleó para asesinar a los guardias civiles que iban a retirarla, ya que colocaba bombas adosadas a ellas. También servía para dárselas de concienciado, como recuerda Juaristi (La tribu atribulada):

"Todas las chicas abertzales o izquierdistas del País Vasco jugaban aquellos días a Marianita Pineda sin más riesgo que el de recibir unos flojos porrazos de unos guardias bastante desconcertados. En el fondo, hacían lo que siempre les había chiflado hacer: imitar a Marisol, convertida de estrella infantil del cine franquista en musa de la Resistencia contra un franquismo sin Franco."

Muerte para los vascos que la rechazan

En enero de 1977, el ministro de Interior, Rodolfo Martín Villa, la legalizó mediante una circular enviada a las autoridades vascas, lo que ocasionó la dimisión de los gobernadores civiles de Vizcaya y Guipúzcoa. Aunque los nacionalistas aseguraban que el Pueblo Vasco reclamaba su bandera, lo cierto es que hubo resistencia a su imposición, pero ésta se acalló mediante la violencia.

El director del periódico La Voz de España de San Sebastián, Jesús María Zuloaga, había huido de Vascongadas en otoño de 1976 debido a las amenazas de muerte con que ETA le castigó por haber convocado un concurso para el diseño de una bandera para Guipúzcoa que podría ser la de todos los vascos. Varios alcaldes que se atrevieron a hacer declaraciones en contra o se negaron a izarla en sus ayuntamientos fueron amenazados y acosados. El 19 de enero, los miembros de la Diputación Provincial de Vizcaya decidieron por unanimidad que en sus edificios sólo ondeasen la bandera nacional y el pendón de la provincia. El presidente de la Diputación, Augusto Uncueta, fue asesinado ese mismo año por ETA. En muchas alcaldías como Azcoitia, Garay y Amurrio se colocó la ikurriña junto a la rojigualda. Después, los alcaldes nacionalistas retiraron la nacional y dejaron solo la bicrucífera.

Ya sin oposición, y con los socialistas y comunistas flameándola igualmente, la ikurriña se extendió por toda la región vasconavarra, y no sólo en balcones y mástiles, sino también en pasteles, mecheros, llaveros, toallas, camisetas, gorras, etcétera. Algunos avispados ganaron dinero gracias a esta fiebre popular con la fabricación de objetos adornados con la bandera. El Estatuto de Guernica la estableció como bandera oficial de la comunidad autónoma vasca.

En pocas conductas se ve con tanta claridad el triunfo ideológico del vasquismo como en el trato respetuoso que le dan los no nacionalistas a la ikurriña. El PSOE y el PP tratan de cubrirse de la acusación de ser ‘malos vascos’ mediante la aceptación de la ikurriña y la ocultación de la rojigualda. Y aunque el Estatuto reconoce las banderas de las provincias, éstas apenas ondean. En los actos financiados y promovidos por las Diputaciones controladas por el nacionalismo abundan los colores rojo, verde y blanco, a la vez que escasean los símbolos locales, mucho más históricos que la ikurriña.

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