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Las hectáreas votan por Artur Mas

Se está olvidando un tercer factor: la ley electoral catalana, que favorece, como la ley electoral nacional, la vasca, la gallega y la canaria a las circunscripciones menos pobladas.

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Todas las encuestas dan una amplia victoria a Artur Mas y a CiU en las elecciones al Parlamento regional que se celebrarán el próximo domingo. Pese a la imagen de que Cataluña es un oasis, difundida por el aparto mediático catalanista y sus terminales en Madrid, el electorado catalán es de los más inestables y volubles de España. El Parlamento catalán, con seis partidos representados, está entre los más fragmentados de España, junto con el balear (otros seis) y el vasco (siete). Además, una proporción muy alta de los catalanes se desentiende de su derecho a nombrar a sus representantes y gobernantes, y la elecciones regionales tienen una tasa de abstención que desde hace siete años supera en 12 puntos como mínimo a las votaciones para la elección de las Cortes.

Los consultores electorales destacan dos factores para explica el triunfo anunciado de CiU: la alta fidelidad de los votantes de la coalición nacionalista (superior al 90% de los votantes que tuvo en 2006) y el abandono del PSC (por debajo del 40%) y de ERC por los suyos. La relación entre la fidelidad de los electores veteranos y la captación por CiU de votantes desengañados de los partidos del Tripartito dependerá al final del porcentaje de abstención, que en 2006 fue del 43%, la cifra más alta de estas elecciones, con la salvedad de la registrada en 1992, cuando superó el 45%.

Se está olvidando un tercer factor: la ley electoral catalana, que favorece, como la ley electoral nacional, la vasca, la gallega y la canaria a las circunscripciones menos pobladas. En el estatuto derogado se establecía que las circunscripciones para el parlamento regional eran las cuatro provincias. Barcelona elegía un diputado por cada 50.000 habitantes, con un máximo de 85. Gerona, Lérida y Tarragona elegían un mínimo de seis diputados, más uno por cada 40.000 habitantes, con lo que se atribuían respectivamente 17, 15 y 18 diputados. Esta distribución se mantiene en 2010.

A la ley electoral que se usa para las elecciones a Cortes Generales se le reprocha que prima en exceso a las provincias menos pobladas (Soria, Teruel, Palencia, Guadalajara) en detrimento de las más pobladas (Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla). Alfonso Guerra afirmaba que en España votaban las hectáreas en vez de los ciudadanos, y no le faltaba razón, pero no rectificó esta injusticia cuando el PSOE se hizo con 202 diputados. A medida que se instauraban las comunidades autónomas, los entes preautonómicos aprobaban normas electorales que beneficiaban al partido hegemónico. De acuerdo con los resultados de 2006, en el Parlamento catalán un diputado por la provincia de Barcelona cuesta entre 24.000 y 26.000 votos, mientras que en Lérida basta con algo más de 10.000 votos; en Gerona y Tarragona, el diputado se obtiene con entre 13.000 y 15.000 votos.

CiU ha vencido en las cuatro provincias catalanas en todas las elecciones autonómicas desde 1980, salvo las celebradas en 1999 y 2003, en que el PSC quedó primero en la de Barcelona. Sin embargo, CiU siempre ha tenido más escaños que el PSC, incluso en 2003. En estas elecciones, el PSC sacó 8.000 votos más que CiU, pero la coalición tuvo cuatro escaños más gracias a la ley electoral, que primó sus victorias en Tarragona, Gerona y Lérida. En 2006, la diferencia entre CiU y el PSC fue de 11 diputados a favor del primero, pero se repitió el Tripartito, ya que la suma de los escaños aportados por los tres partidos superaba la mayoría absoluta.

Para que CiU pueda hacer que su primacía electoral y parlamentaria le lleve al Gobierno no sólo debe subir más en escaños, sino que sus rivales deben caer. Por eso, el increíble hombre normal está concentrando sus mítines en el área metropolitana de Barcelona. Una alta abstención en la ciudad de Barcelona y su cinturón rojo (Hospitalet, Sabadell, Cornellà...), donde los socialistas han dejado de ser hegemónicos, hundirá a Montilla. Las hectáreas del Pirineo harán el resto para convertir a Artur Mas en presidente de la Generalidad.

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