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Pedro Fernández Barbadillo

Pérez y González, amigos para siempre

Al igual que con otros delincuentes de su entorno, condenados en firme, González asegura que Carlos Andrés Pérez no se merecía esa condena, aunque no sabemos por qué. ¿Porque los socialistas se rigen por un fuero distinto al del resto de los mortales?

Pedro Fernández Barbadillo
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No tenía pensado escribir sobre la muerte de Carlos Andrés Pérez (CAP), quien fue dos veces presidente de Venezuela, pero el obituario escrito por Felipe González y publicado en El País me ha hecho volverme atrás en mi decisión, ya que blanquea el pasado de uno de los mayores ladrones e irresponsables sentado en una silla presidencial que ha conocido América.

Como antecedente, hay que explicar que entre 1961 y 1999 rigió en Venezuela una Constitución que establecía los mandatos presidenciales en cinco años y permitía la reelección de quien hubiera sido presidente cuando hubieran transcurridos dos mandatos seguidos. El primer Gobierno de CAP discurrió entre 1974 y 1979, cuando, gracias al alza de los precios del petróleo, el país se apodaba Venezuela Saudí y el dinero entraba a raudales. Sin embargo, un lector atento se da cuenta de que hay algo que rechina en el artículo. González habla del segundo mandato de CAP y lo fija entre 1989 y 1993; es decir, falta casi un año. ¿Qué ocurrió? Pues que CAP, su amigo durante casi cuarenta años y del que recibía consejos, tuvo el honor de ser el primer presidente hispanoamericano destituido, procesado y encarcelado por corrupción y peculado. La Corte Suprema le condenó a 28 meses de cárcel por fraude a la nación y por la apropiación de 17 millones de dólares del erario público. Al igual que con otros delincuentes de su entorno, condenados en firme, González asegura que CAP no se merecía esa condena, aunque no sabemos por qué. ¿Porque los socialistas se rigen por un fuero distinto al del resto de los mortales?, ¿porque sus buenas intenciones de redimir a los pobres, modernizar sus países y ayudar a sus correligionarios les eximen de cualquier conducta?

El fallecimiento de CAP en Miami, en un hospital privado –algo muy socialdemócrata–, a los 88 años de edad ha hecho que en Venezuela se recuerde cómo entró en la política. En febrero de 1959, Rómulo Betancourt juró su cargo como presidente; antes se había presentado en Caracas Fidel Castro y le había pedido que diese petróleo a Cuba para quemarlo en el motor de la revolución. Betancourt se lo negó, petróleo que ahora envía casi regalado Hugo Chávez. Y la reacción de Castro fue promover una guerrilla en el país. El encargado de erradicar a los guerrilleros, así como de aplastar las conspiraciones militares, fue CAP, primero como director general del Ministerio de Interior y después como ministro. La extrema izquierda venezolana siempre ha acusado a CAP de haber recurrido a los mismos métodos que usaba entonces el Gobierno francés en Argelia y parecidos a los que en la década siguiente emplearon los militares argentinos y chilenos contra los subversivos. Pero ningún juez español procesó a CAP ni por esos asesinatos de los años 60 ni por la matanza cometida en el caracazo entre quienes protestaban contra las medidas de austeridad que aprobó nada más llegar al poder por segunda vez. ¡Ser socialista es ser impune!

En la característica doblez progre, CAP recibía y agasajaba a Fidel Castro pero rompía relaciones con Alberto Fujimori. En la Internacional Socialista se desenvolvió como uno de sus mandarines y durante sus años en el poder repartió dinero a manos llenas dentro y fuera de Venezuela.

Los españoles debemos saber sobre Pérez que, al igual que el francés Valery Giscard d’Estaing, se arrogó el cargo de tutor de la democracia española. Como tal, fue uno de los primeros jefes de Estado que vinieron a España después de la proclamación del sucesor del general Franco como Rey. En noviembre de 1976 trajo de Suiza en su avión presidencial a Felipe González, viaje que éste presenta en su obituario ya citado como casi secreto, cuando la prensa española comentó su presencia.

Y una vez fracasadas las negociaciones de Argel con ETA, González le pidió que acogiese en su país a los etarras desperdigados por Argelia, Francia, Cabo Verde y otros países. Gracias a CAP empezó a establecerse la colonia etarra que con Chávez ha aumentado hasta llegar casi al centenar de terroristas.

Muchos venezolanos, en especial los que trabajaron en sus Gobiernos, dicen que también hizo cosas buenas en su país. Probablemente.

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