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Rusia recoge la siembra de la URSS

Para evitar implicaciones políticas en la Guerra Fría, la Unión Soviética actuaba a través de los servicios secretos de otros países, de lo que es el ejemplo más claro el atentado contra el papa Juan Pablo II.

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Rusia ha sufrido varios atentados terroristas en los últimos años atribuidos a chechenos rebeldes. Algunos pensamos que estamos asistiendo a actos de lo que los hombres hemos dado en llamar justicia poética. Es decir: los rusos sufren ahora las consecuencias de la política de fomento del terrorismo en todo el mundo apoyada por la Unión Soviética y sus Estados satélites, desde la Alemania Oriental a Cuba.

Los dirigentes de la Unión Soviética no vacilaron en asesinar a los disidentes que huían de su país. La KGB y sus antecesores asesinaron a varios de ellos desde los años 30 hasta los 80, aunque los sucesores del KGB, el Servicio Federal de Seguridad, han negado que se matase a nadie desde 1959.

Para evitar implicaciones políticas en la Guerra Fría, la Unión Soviética actuaba a través de los servicios secretos de otros países, de lo que es el ejemplo más claro el atentado contra el papa Juan Pablo II: Moscú llega a la conclusión de que hay que matar a Karol Wojtyla, el encargo se pasa a los servicios búlgaros, los cuales recurren como ejecutor a un turco musulmán aparentemente vinculado con la extrema derecha.

Pero esta guerra en la oscuridad no se limitaba a la eliminación de personas individuales, sino, además, al apoyo de grupos terroristas. El presidente checoslovaco Vaclav Havel reconoció en 1990 que la dictadura comunista de su país envió a lo largo de varios años unas mil toneladas del explosivo Semtex a Libia, para que a su vez el régimen de Gadaffi lo distribuyese entre grupos terroristas de todo el mundo. Y lo hizo no para obtener divisas, sino por motivos políticos. El terrorista palestino Abu Nidal tuvo dos oficinas abiertas en Varsovia y en Berlín Oriental

La desaparición de Alemania Oriental, que disponía de la Stasi, uno de los servicios secretos más eficaces del mundo, supuso el descubrimiento de sus secretos. En su suelo se dio asilo y vivienda a terroristas retirados de Alemania Federal y hasta los etarras tuvieron, como mínimo, contactos informales con el régimen de Erich Honecker, doctor honoris causa por la Universidad Complutense.

¿Cabe pensar que esos Gobiernos, miembros del Pacto de Varsovia y del Comecon, amparaban, armaban y entrenaban a diversas bandas terroristas sin haber recibido el permiso o la orden de Moscú?

La Argelia del socialista FLN, el más aplicado aliado de la URSS en África, también adiestró a todo tipo de terroristas en los años 70 y 80. En el caso español, los argelinos entrenaron a 63 miembros de las dos ramas de ETA en 1976 y unos años más tarde, en 1984, hubo más entrenamientos para gente de ETA-militar. A Antonio Cubillo, jefe del MPAIAC, los argelinos no sólo le acogieron, sino que le dejaron incluso un micrófono de radio para que hiciese sus proclamas separatistas.

La Cuba de los Castro comenzó a exportar revolucionarios inmediatamente después de hacerse con el poder. De eso se encargaba el barbudo Manuel Piñeiro como jefe del Departamento América del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Los beneficiados por la protección cubana fueron chilenos, venezolanos, nicaragüenses, argentinos... y por supuesto españoles de ETA.

La política antiterrorista de José María Aznar demostró que ETA podía ser vencida si se le despojaba de sus santuarios en otros Estados. Felipe González ha reconocido que la mejor herramienta para derrotar a los grupos terroristas es la colaboración entre los Estados. Es cierto que países occidentales, como Francia, han amparado a terroristas de todo pelaje, no sólo los de ETA, sino, también los de las Brigadas rojas italianas y las FARC colombianas, pero sin el gran respaldo moral, económico y estratégico realizado por el bloque socialista, la ola de terrorismo que comenzó con el maldito mayo del 68 no se habría levantado. En definitiva, sin un Estado que lo abrigue, un grupo terrorista no sobrevive mucho tiempo.

Florencio Domínguez, uno de los mayores expertos españoles en ETA, escribió lo siguiente en El Correo Español (19-12-04):

Argelia, que practicó la impudicia de alimentar el pistolerismo etarra, tuvo que soportar en los años noventa el castigo de verse arrasada por un terrorismo islamista mucho más brutal y salvaje. A los aprendices de brujo del FLN y de los militares argelinos, la historia les devolvió con creces la barbarie que ellos habían sembrado en otro lugar.

Lo mismo les está ocurriendo a los rusos, gobernados por antiguos miembros de la nomenklatura soviética, como el primer ministro Vladímir Putin.

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