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Un tigre de papel

Merece la pena recordar que, mientras no hay saharauis implicados en atentados islamistas, por el contrario hay marroquíes en casi todo gran acto terrorista de carácter islámico e incluso pequeño, como el asesinato del cineasta holandés Theo van Gogh.

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Los papeles difundidos por Wikileaks han llenado de asombro a quienes satisfacen sus necesidades culturales con los debates de La Noria: ¡los diplomáticos de Estados Unidos envían informes a su Ministerio! Parece que los redactores de El País, así como muchos periodistas y tertulianos más, desconocen que, entre las fuentes de investigación de los historiadores, destacan las correspondencias que mantenían los embajadores de Venecia, del Papa y de los reyes de España con sus señores.

Junto con el torrente de datos y cotilleos intrascendentes, flotan, como en una riada, verdaderas joyas, por cuyo rescate merece la pena mojarse. Un amigo, que es seguramente uno de los mayores expertos en el asunto del Sáhara Occidental, me ha llamado la atención sobre los informes escritos por los diplomáticos destinados en Marruecos.

Cada vez que se produce una crisis con Marruecos, como la que estamos atravesando desde el ataque de los ocupantes marroquíes al campamento levantado por los saharauis en las cercanías de El Aaiún, los amigos de Marruecos y los que se las dan de conocedores del mundo militar nos advierten de la amenaza que suponen las Fuerzas Armadas Reales y el terrorismo islamista; otros, más sutiles, incluso pontifican sobre la teoría del colchón de intereses y las ochocientas empresas españolas establecidas . "Sí, el sultán es un dictador, pero es un dictador que nos conviene", es su conclusión. Los documentos del Departamento de Estado de EEUU nos muestran un paisaje muy distinto.

En agosto de 2008, el embajador en Marruecos envió un informe de nueve folios sobre las Fuerzas Armadas Reales. Sus conclusiones, así como las de sus consejeros de Defensa y de Seguridad fueron las siguientes: poco operativas, corruptas y controladas por el rey, ya que perpetraron dos golpes de Estado contra su padre. Los diplomáticos también transmitieron el rumor de que el general Benanni, inspector general del Ejército y comandante en jefe del sector sur, se aprovechaba de su posición para apropiarse de dinero de los contratos militares y que, además, poseía una gran porción de las pesquerías en el Sáhara Occidental (cuya explotación por Marruecos la ONU considera ilegal). El verdadero riesgo para el trono no proviene del desencanto que causaría en el pueblo marroquí el abandono del Sáhara, sino del propio Ejército, que es la única administración del país y donde se producen brotes de integrismo, hasta el punto de que se han suprimido las mezquitas en los cuarteles.

Las FAR marroquíes, por tanto, parecen más próximas en capacidad combativa a las argentinas que desencadenaron la guerra de las Malvinas en 1982. La incompetencia de los mandos argentinos llegó a tal punto que la armada no minó el estrecho que separaba las dos islas.

Por otro lado, los diplomáticos estadounidenses no conceden ningún crédito a las proclamas marroquíes de que el Frente Polisario y los saharauis puedan ser captados por el huracán islamista y dedicarse a poner bombas. Recientemente, el corresponsal de ABC en Washington consiguió unas declaraciones del coordinador del Departamento de Estado para la lucha contra el terrorismo, Daniel Benjamin, en las que segura que su Gobierno no ha encontrado indicios de que los terroristas de Al Qaeda del Magreb Islámico se estén estableciendo en el territorio del Sáhara Occidental no controlado por Marruecos.

En el cable de agosto de 2008 ya citado, la embajada también había comunicado que esa amenaza a la que recurría Rabat era un espantajo: "no hay ningún indicio de actividad salafista o de Al Qaeda entre la población saharaui".

Merece la pena recordar que, mientras no hay saharauis implicados en atentados islamistas, por el contrario hay marroquíes en casi todo gran acto terrorista de carácter islámico e incluso pequeño, como el asesinato del cineasta holandés Theo van Gogh.

Marruecos es un tigre, pero de papel. De hacer la papiroflexia se encargan sus amigos en España. Y dada la corrupción inmensa que reina en el vecino del sur, suponemos que sus servicios no son gratis.

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