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Normandía, la Eurocopa e Irak

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Visitar Normandía en el sexagésimo aniversario del día D me ha afectado más de lo que creía, considerando que nací veintitrés años después del desembarco. Sólo puedo imaginar cómo se sienten otros americanos caminando por Omaha Beach o rindiendo homenaje a los soldados de los EE UU enterrados en el cementerio americano de Colleville-Sur-Mer, pero para mí ha sido una mezcla de tristeza, orgullo y también algo de enojo.
 
Es difícil imaginar una nación que sacrificase más de 400 000 soldados para defender otro continente, no digamos otra nación. Tristemente, creo improbable que incluso los EE UU pagasen tal precio hoy por defender Europa, dado el tratamiento de las noticias y el programa de la izquierda cuestionando nuestros objetivos y valores morales; nuestra propia existencia como nación.
 
Pero si hay una nación sobre la tierra que podría sacrificar a sus jóvenes para salvar un continente, creo que serían los Estados Unidos. Esperemos que nunca más se haga necesario defender Europa, porque las ideas de honor y deber son escarnecidas por los medios y las élites intelectuelles, y nuestra capacidad de defender a otros ha sido saboteada mediante la propaganda, las distorsiones y el cuestionamiento de los motivos.
 
Los europeos suelen burlarse de nuestro patriotismo, y los actores de Hollywood huyen de los peligros de la gente común “que agita la bandera americana”, refugiándose en los cafés de París. Actores como Johnny Depp, Gwyneth Paltrow y docenas más incluyendo la estrella-meretriz Michael Moore se han esforzado sin límites para encontrar un paparazzo al que expresar su temor y horror que han caído sobre la nación desde el 11-S. ¿Pero en qué se basa este miedo? ¿Es exclusivo de los americanos el patriotismo?
 
La noche que Inglaterra fue eliminada en la Eurocopa, crucé el Canal de la Mancha en un ferry y vi muestras más bien deplorables de un nacionalismo que creo es propio de Europa. El personal francés del ferry estaba viendo el partido Portugal – Inglaterra, por supuesto animando a Portugal. Se burlaban con ganas de los pasajeros ingleses. En contra de lo que su reputación sugiere, los ingleses estuvieron callados y se comportaron exquisitamente, a pesar del comportamiento inexcusable de estos empleados. No puedo imaginar tal escena sucediendo en los EE UU, no sólo porque estos empleados serían despedidos, sino porque no hay tales odios entre nosotros como los hay entre europeos.
 
En Europa, agitar banderas significa que uno se siente superior a otra cultura, a otra nación. En los Estados Unidos, agitar banderas significa que damos las gracias a nuestra nación, al sacrificio de nuestros soldados y a los valores de los fundadores de la república. No veo tales motivos en el agitar banderas y rivalidades europeas. Más allá de los miserables insultos por un partido, hay una división más profunda que no permitirá a Europa estar tan unida como los Estados Unidos en el curso de nuestra vida. Este fracaso en derribar los muros del nacionalismo, proteccionismo y estereotipismo hacen fácil entender por qué Europa no tiene sentido histórico o del sacrificio cuando nos referimos a Irak.
 
Uno puede debatir los méritos de cualquier guerra, y ciertamente esta discusión es un principio nuestro. Pero el tiempo para el debate sobre la guerra ha pasado hace ya mucho. La guerra ha finalizado y la reconstrucción lleva en marcha un año. Al margen de qué posición tomó un país antes de la guerra, cualquier nación europea que dé la espalda a Irak me parece inconsciente. ¿Qué motivos puede dar un europeo para dejar Irak en las manos de Al-Qaeda o el Islam militante? ¿Hace aceptable cualquier abominación el odio al Presidente Bush? Cuando Europa era pobre (mucho más que Irak) y no tenía nada, ¿deberían los EE UU haberla ignorado? ¿Por qué gastamos miles de millones de dólares para reconstruir Europa, incluyendo nuestros antiguos enemigos, Alemania, Italia? ¿Y Japón? Lo hicimos porque era lo correcto y porque era en el interés de la paz y estabilidad a largo plazo.
 
Hoy el mundo tiene una elección similar en Irak. Aunque los medios y algunos políticos han machacado a cualquiera que intentase establecer un paralelismo entre Irak y la Segunda Guerra Mundial, la realidad es que hay muchas lecciones que pueden tomarse. La primera es no dejar que las amenazas en ciernes crezcan más de un límite, siempre arbitrario, por supuesto. La segunda es que no debe abandonarse una nación en sus inicios democráticos. Los ejércitos de los Estados Unidos permanecen en “zonas calientes” a lo largo del globo. Dejar caer Irak en manos de suicidas y salvajes que decapitan contratistas sería más cruel y anti-ético que cualquier bomba que se usase en el conflicto. Orgullo aparte, Europa debería apoyar la transferencia de poder en Irak y dejar de arrastrar los pies. El coste del fracaso en Irak sería demasiado alto.
 
Y mientras que vemos otros diez países unirse a la Unión Europea, no como resultado de un conflicto sino por medios pacíficos, no veo cómo se podría llegar a este evento dichoso sin la pérdida de esas más de 400 000 vidas de americanos. Olvidar las lecciones de la Segunda Guerra Mundial y su reflejo en el mundo de hoy sólo asegurará, algún día, la petición de tal sacrificio.

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