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Autodeterminación

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A la banda de golfos que dirige el PNV, dedicada a envilecer a los vascos con prédicas racistas y distorsiones de la historia, a privar de libertades y derechos a los vascos no nacionalistas y envenenar las relaciones con los demás españoles, a colaborar con el terrorismo mediante la doble táctica de no perseguirlo con la policía autónoma, y de explotar sus crímenes para obtener ventajas políticas, hay que reconocerle una extraordinaria habilidad en lo que podríamos llamar “guerra de la propaganda”, pues como una auténtica guerra la plantea. Así ha logrado colar el timo de “Euskadi”, la pretensión de que ellos representan de manera privilegiada “lo vasco”, y tantos fraudes más, gracias a una simétrica ineptitud –a veces voluntaria— de los demás partidos para poner de relieve el fondo de esa cadena de embustes.

El penúltimo fraude es el de la consulta sobre la autodeterminación, palabreja absurda que usa ahora todo el mundo, cayendo en la burda trampa tendida por los especuladores en la bolsa del asesinato profesional. Llamar autodeterminación al separatismo sugiere automáticamente que los vascos están unidos contra su voluntad al resto de España, y que se les niega un derecho elemental. Pero los vascos están autodeterminados, tanto por su unión histórica, completamente voluntaria, al resto del país, como por el estatuto de autonomía y una democracia que nada debe al PNV. Es cierto que, debido a las claudicaciones de los políticos y partidos nacionales, y a la inepcia para clarificar la provocadora charlatanería de los golfos, éstos han logrado convencer a un número considerable de vascos de ser una raza superior oprimida por los despreciables maketos, pues ese es el fondo real de todo el mensaje peneuvista. Pero se vuelve ya muy urgente cambiar esa dinámica, que podría llevarnos a la violencia generalizada.

Muchos dirán que decir esto es crispar el ambiente o exagerar el peligro. Esa manera frívola de encarar los hechos me parece muy peligrosa, y quienes se consideran expertos y enterados debieran recordar que nadie pudo prever lo ocurrido en Yugoslavia, aunque después todos profetizaran con mucha precisión el pasado. La realidad, como expuso Madariaga, es que la política separatista del PNV conduce a la guerra civil, y debe hacerse comprender a esos irresponsables envenenados por su propia demagogia, que antes que llegar a una tal situación extrema sería muy preferible expulsarlos de la legalidad, y suspender una autonomía que ellos han usado contra la democracia, por muchas tensiones que ello produjera y por mucho que se enrareciera el clima político. Debe hacérseles bien conscientes de la peligrosidad de sus manejos.

Hay una experiencia histórica: en 1934, la Esquerra aprovechó la legalidad republicana para socavarla y preparar la rebelión de los catalanes. La aventura terminó muy mal para ella, y fue uno de los factores determinantes de la guerra del 36. Conviene que los políticos y la sociedad comprendan lo que está en juego.

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