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Contemplaciones con el PNV

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Hay políticas de los partidos, nacidas del núcleo duro de su pensamiento e ideología, que permanecen como una tendencia de fondo, por muchos cambios que la realidad les imponga. Así, los partidos marxistas buscan abolir el régimen económico y las libertades "burguesas", lo hagan con ataques directos o con una labor solapada de socavamiento y descrédito, incluso invocando a voz en grito las libertades que se proponen destruir. Sólo cuando esos partidos renunciaron al marxismo cambió realmente la cosa, si bien el peso de los viejos tópicos sigue visible en los partidos socialdemócratas.

También se ve ello en el PNV. Sabino Arana, el Maestro (con mayúscula) de ese partido, inventor del terminacho "Euzkadi", formuló el programa en sus célebres lamentos sobre la fraternidad y amistad reinantes entre las "razas antagónicas" de "vizcaínos y maketos", y sobre la renuencia de la mayoría de los vascos a aceptar el nacionalismo: se trataba de alzar un muro entre las dos "razas", y de dividir a los vascos entre "auténticos" y renegados. A esa idea ha respondido siempre la acción política y cultural del PNV. Y de ella deriva su asombrosa capacidad de hipocresía y traición. Mencioné el otro día un ejemplo, cuando el lendacari Aguirre decía pomposamente a Azaña que el PNV "sólo tiene una palabra", y al mismo tiempo trataba con los fascistas italianos para abrirles el frente. O cuando sugería a dichos fascistas que lanzasen su ofensiva de modo que los batallones nacionalistas apareciesen "copados". No son excepciones: la política peneuvista desde la transición (el "doble lenguaje", caro a J. L. Cebrián) viene a ser algo parecido.

El PNV tiene el mérito, además, de ser el único partido de derecha (y aun de ultraderecha, por lo racista y clerical), capaz de chulear a la izquierda. No me refiero solo a la mísera Izquierda Unida de "Euzkadi". Acabo de oír por la radio a Alfredo Rubalcaba expresarse en cálidos términos hacia la "sinceridad" del PNV en su marcha atrás del pacto de Estella. "Han comprendido que con ETA no se puede ir a ninguna parte, que la violencia no es aceptable", venía a decir, con sinceridad similar a la del PNV. Rubalcaba conoce, desde luego, la ideología del PNV, resumida en las aludidas lamentaciones de Arana, y sabe que ella tiñe la política de dicho partido, con terror y con legalidad, o con mezcla de ambos: separar a "Euskadi" de España, y abrir un foso entre los vascos, según acepten o no el nacionalismo. Pero este programa lo encuentra aceptable el líder socialista, siempre que obre "sin violencia", de manera "democrática". ¡Así ganó Hitler el poder!

Una cosa es que el PNV se mantenga –muy más o menos– en la legalidad, y otra que sea un partido democrático. Cuando los rubalcabas presentan al PNV como democrático, ellos mismos dejan de serlo en alguna medida, y cuando consideran el terrorismo como la única perversión de ETA, se unen al carro del PNV. Porque en el PSOE, pese a su abandono del marxismo, siguen presentes dos tendencias: el poco aprecio por las libertades y el aprecio aun menor por la unidad de España.

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