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¿Conversiones en Navidad?

¿Van a actuar ahora como si fuesen curas? ¿Las habrá convencido Rouco? ¿Se habrán arrepentido de sus costumbres, depravadas según la oscurantista tradición cristiana, pero excelentes y liberadoras según las emancipadoras ideas de la izquierda?

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La Iglesia y una parte de la derecha han condenado siempre la pornografía. No conozco bien las causas de ello, pero tengo entendido que se refieren al daño que, se supone, la pornografía causa a una sexualidad más o menos ordenada en el matrimonio, o a la conversión, aunque sea imaginaria, de la mujer –también del varón en muchos casos–, en objeto sexual, o a lo que llaman degradación de la dignidad humana, concepto, como sabemos, difícil de definir. Sea por lo que fuere, existe esa condena por parte de la institución y las tendencias dichas.
 
En cambio la izquierda casi en pleno y un sector amplio de la derecha defiende la pornografía, sea por encontrar en ella una actividad placentera e inofensiva o por considerarla incluso notablemente liberadora o emancipadora, o signo de cierto refinamiento y calidad de vida. No siempre fue así. Cuando la república los socialistas eran más bien puritanos, y los comunistas han acostumbrado a tildar la pornografía de "degeneración burguesa", pero esa actitud ha cambiado radicalmente en los últimos decenios y constituye ya una tradición bien asentada. Así, Alfonso Guerra y Calviño fueron pioneros en la introducción masiva de la pornografía en cada casa y familia por medio de la televisión, a fin de dejar a España liberada de ancestrales prejuicios y "que no la reconociera ni la madre que la parió".
 
Naturalmente en esa liberación debían incluirse los niños. Los niños tienen derecho a conocer la vida real, y a orientarse en ella cuanto antes mejor, sin oscuridades ni represiones que luego llevan al autoritarismo y otras plagas, como nadie ignora. La televisión española, pública o privada, nunca ha tenido el menor reparo en introducir contenidos más o menos pornográficos en horarios de audiencia infantil. Además buena parte de la publicidad, proyectada a todas horas, tiene ese carácter, muy especialmente en tiempos navideños, con motivo de los perfumes y regalos. Esto también lo ve muy positivo la izquierda, pues contribuye a diluir el carácter religioso de la Navidad y a volver ésta más laica. Y debe reconocerse el talante civilizado de la derecha, que en ocho años no hizo lo más mínimo por cambiar tan feliz estado de cosas. Incluso los sectores más avanzados del PP, encabezados en Madrid por Gallardón, el hombre de PRISA en la derecha, han colaborado a "desmitificar" la Navidad dándole cierto tono de mamarrachada francamente progresista.
 
Bueno, pues en éstas estábamos cuando las ministras posaderas (para Vogue) han decidido que bueno está lo bueno, y se han propuesto suprimir (¿o reprimir?) los espectáculos e imágenes "inadecuados" en horario infantil. Uno se queda perplejo. ¿Van a actuar ahora como si fuesen curas? ¿Las habrá convencido Rouco? ¿Se habrán arrepentido de sus costumbres, depravadas según la oscurantista tradición cristiana, pero excelentes y liberadoras según las emancipadoras ideas de la izquierda? Porque las buenas señoras no han dado explicación ninguna de su decisión, que tan graves daños puede acarrear a las mentes infantiles, reprimiendo sus naturales tendencias, desarrollando en ellas impulsos dictatoriales y violentos, e impidiéndoles formarse una idea clara del mundo. Sin contar con que se empieza por los niños y el día menos pensado hacen lo mismo con los mayores. ¿Dónde quedaría entonces la recuperación del cambio ilusionante de 1982, prometido por el candidato González en su campaña electoral?
 
Tengo para mí que Rouco ha convertido, o al menos ha empezado a convertir a nuestros gobernantes. Si ustedes se fijan, a la vicepresidenta se le está poniendo cada vez más aspecto de monja. Algo avinagrada, eso sí, como las demás ministras, pero quizá la veamos pronto con expresión de arrobo y los ojos mirando a lo alto.

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