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Cuestiones de lenguaje

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Una razón del éxito del lenguaje nacionalista es su mezcla de victimismo hipócrita y una extrema agresividad que “no perdona ni las veniales”, como solía decirse. En contraste la respuesta suele ser excesivamente respetuosa, lo que les reafirma en su prepotencia. Me viene eso a la cabeza al leer la carta de un catalán, Miguel Masip, a “La Vanguardia”, el 27-V, con motivo de la campaña de los Pujol y los Maragall contra el castellano. Campaña plagada, como de costumbre, de falsedades y exageraciones. El franquismo suprimió el catalán como lengua oficial y en la enseñanza pública, pero esta injusticia no impidió que se fomentaran cátedras universitarias y premios a la creación literaria en ese idioma, y según algunos expertos la literatura en catalán superó en calidad a la posterior.

Señalaba Masip que no hubo persecución al uso común del idioma. En misa, las homilías solían ser en catalán, y él nunca tuvo problemas para practicarlo o estudiarlo, incluso en cursos gratuitos: “Conservo el diploma, escrito en catalán y firmado por el presidente de la Diputación”. Y se preguntaba: “Cuando leo algunos artículos (...) ¿es que yo vivía en otro país?”. Está claro, para quien tenga memoria, dónde está la mentira, pero el señor Massip, débil ante la agresividad nacionalista, terminaba: “En absoluto pretenderé, muy lejos de mi intención, negar que otras personas tengan experiencias diferentes”.

Creo que a veces, ante los dislates nacionalistas, sólo cabe la burla. He aquí una carta de “El País digital” (18-V), respuesta de una francesa de apellidos judíos, Sara Calaza Benatar, a una peneuvista: “En cuanto a su opinión de que los vascos son completamente distintos de los españoles, es algo que yo también he podido comprobar. A los españoles les gusta el marisco, las angulas y las cocochas, y a los vascos no. A los españoles les gusta Baroja, Zuloaga , Vázquez Montalbán, Velázquez, Elvis, Picasso, Casals y Falla, y a los vascos no. A los españoles les gusta el fútbol, a los vascos no. Las españolas no compran “Hola”, las vascas sí. A los vascos les gustan las películas de Buñuel y a los españoles no. Los vascos en Navidades comen turrón y los españoles no. Todo el mundo sabe que en Madrid no se vende un disco de Serrat ni de Sabina, pero en Bilbao sí. Hay jesuitas españoles pero nunca hubo vocaciones entre los vascos. Los vascos hablan en español pero los extremeños no. Nadie juega a la lotería en Murcia, pero en Bilbao sí. Las vascas se visten con faldas y usan perfumes, pero las gallegas se cubren con pieles y se rocían con excrementos. Los españoles son católicos y los vascos musulmanes. Los vascos son rubios y de ojos azules y los españoles negros y de ojos rasgados. En fin, tiene usted toda la razón, señora; sin embargo otras personas, cegadas por los prejuicios, no piensan como usted”.

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