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Democracia contra demagogia

Debemos entender que estamos en el comienzo de la movilización ciudadana, que es preciso ir conformando un movimiento democrático, no de partido, para impedir que la alianza de la demagogia con los separatistas y los pistoleros termine balcanizando España

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Si comparamos las grandes manifestaciones recientes en Madrid y Salamanca con las organizadas por Zapatero y los suyos antes de llegar al poder, distinguimos algunos rasgos esenciales que separan la democracia de la demagogia.
 
Veamos, por ejemplo, tres movilizaciones zapateriles: contra la reforma de la enseñanza, por el caso del Prestige y contra el derrocamiento de Sadam Husein. La primera atacaba frontalmente, incluso con amenazas de desobediencia civil, una ley destinada a eliminar uno de los déficit más perjudiciales para el país y su porvenir. La enseñanza heredada de la anterior etapa del PSOE ha situado a España entre los países desarrollados con mayor fracaso y menor eficiencia escolar. No se trata de una opinión, sino un hecho constatable a través de numerosos datos y comparaciones internacionales. Oponerse a la mejora de tal situación ya retrata a quienes lo hicieron, y el pretexto utilizado de la defensa de la enseñanza “pública”, echada a perder por ellos mismos, define perfectamente la demagogia.
 
En el caso del Prestige, un desgraciado accidente como otros ocurridos bajo el poder socialista (el del Mar Egeo, por ejemplo), vale la pena recordar las profecías con que zapatéricos y separatistas juntos impresionaban a la gente: la costa gallega quedaría arrasada, ya no habría pesca, marisco ni turismo durante diez o veinte años por lo menos, los marineros y pescadores quedarían arruinados para siempre. Catástrofe inmensa causada, no por las mafias que transportan petróleo en malas condiciones, sino por la derecha, para la cual el medio ambiente y la vida de los trabajadores carecen de importancia. Pero en realidad fue la derecha, al revés que los socialistas en otro accidente similar, la que ayudó a los marineros y movilizó mil recursos con tal eficacia que los peores efectos del desastre quedaron paliados en algunos meses, y hoy ya nadie se acuerda de aquellos “diez o veinte años” de destrucción generalizada de la costa.
 
Y en la guerra contra Sadam encontramos la misma táctica: habría cientos de miles de muertos, millones de desplazados y una catástrofe humanitaria gigantesca. Sadam no era un tirano genocida, sino el representante de un pueblo (junto a Castro y Chávez, mencionados en un célebre manifiesto) víctima de la agresión useña y de Aznar. Cierto que había otras razones de más peso contra de la intervención (España no intervino militarmente), como las había a favor de ella, pero éstas fueron las fundamentales en la agitación zapaterana.
 
En las tres movilizaciones observamos una explotación descarada de la histeria de masas, el uso de banderas totalitarias o la anticonstitucional (e irrisoria) “republicana”, y el acompañamiento de violencia tipo kale boroka, con asaltos a sedes del PP, a supermercados y otros establecimientos, disturbios callejeros, agresiones a personas, insultos brutales y calumniosos, etc. El personaje de las “ansias infinitas de paz” y los suyos extendieron por toda España ese clima de violencia antidemocrática impuesto en Vascongadas por terroristas y separatistas. Observamos también la escasa capacidad de la derecha para contrarrestar esa demagogia.
 
Podemos apreciar fácilmente el contraste con las últimas tres grandes protestas ciudadanas en Madrid y Salamanca. La primera fue en defensa de las víctimas del terrorismo (es decir, de toda la sociedad democrática) frente a la colaboración de hecho del gobierno con los pistoleros, a quienes Zapatero ha vuelto a legalizar y en cuyo honor ha destruido el Pacto Antiterrorista y por las Libertades y tratado de aislar a los demócratas en las Vascongadas, mientras maniobra para dividir y desprestigiar a las asociaciones de víctimas, devolviéndolas a la marginación de otros tiempos. Al parecer, el gobierno y la ETA marchan juntos en la búsqueda de la paz, y las víctimas y los demócratas se oponen a ella.
 
La manifestación de Salamanca defendía el derecho frente al despotismo de un gobierno que utiliza el patrimonio cultural de la nación como mercancía de trueque en sus negocios con los separatistas catalanes. El gobierno y los separatistas también marchan juntos, no se sabe si también por la paz..
 
Y la gran concentración última defendía la familia contra los intentos de socavarla, adulterándola. Aquí encontramos al gobierno unido con los homosexuales militantes, (que usurpan la representación de los homosexuales como los comunistas lo hacían con los obreros o los separatistas con los vascos o los catalanes). En los tres casos el gobierno ha puesto todo tipo de trabas a los manifestantes y ha intentado desacreditarlos manipulando las informaciones en sus abundantes medios de masas.
 
Ninguna de estas tres protestas democráticas ha transcurrido bajo banderas totalitarias o anticonstitucionales, ninguna fue acompañada de kale boroka, ni de los salvajes insultos típicos de las de Zapatero. Tanto en el fondo de las reivindicaciones como en la forma han sido manifestaciones civilizadas y democráticas.
 
Me preguntaban en una emisora si creía que el gobierno atendería a esta voz de los ciudadanos. Manifesté mi pesimismo. Todas las declaraciones de Zapatero muestran una vacuidad intelectual impropia de un político de un país europeo, expresan a un personaje pueril, obstinado, ignorante de la historia y de muchas otras cosas, y sin más experiencia de la vida que los trucos adquiridos como hombre de aparato partidista. Un cambio ahora sería un milagro. Con la mayor hipocresía ha dicho que oía con “respeto” a esos ciudadanos demócratas. Hasta ahora a quien ha demostrado oír con verdadero respeto y atender con solicitud es a los terroristas, los separatistas y las mafias rosas.
 
¿Y ahora? Debemos entender que estamos en el comienzo de la movilización ciudadana, que es preciso ir conformando un movimiento democrático, no de partido, para impedir que la alianza de la demagogia con los separatistas y los pistoleros termine balcanizando España.

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