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Dos tendencias en el PP

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Uno de los méritos de Aznar ha sido mantener bajo la rienda, no solo a un grupo de políticos cuya tendencia a los personalismos y ambiciones particulares hundieron UCD y amenazaron seriamente al PP en el pasado, sino también dos corrientes fundamentales, no muy bien definidas, pero fácilmente perceptibles en el partido: la liberal conservadora y la "progresista", término vago, pero reconocible en general.

El "progresismo" del PP está más ilusionado con la marcha hacia "el centro", y en muchos aspectos emula al PSOE, incluso superándole en políticas o actitudes antes identificatorias de la izquierda: lo mismo admite u organiza un homenaje a las Brigadas Internacionales ("luchadores por la libertad"), o dedica calles a la Pasionaria, que rivaliza en feminismo o considera una prueba de modernidad la erosión de la familia, la proliferación de la pornografía y la prostitución. O tiene, como González, buenos amigos –políticos, se entiende– en el PNV, trata de controlar grandes concentraciones de prensa y medios de masas en general, le gusta "poner firmes" a la Iglesia, exhibe duras convicciones "antifranquistas" y promueve una política un tanto desintegradora del ejército, o consignas muy propias del PSOE, como el "patriotismo constitucional", etc.

No valoro ahora estas actitudes, sino que las expongo como hechos en los que sin duda no están muy de acuerdo una gran masa de miembros y votantes del PP, gentes de actitud digamos más conservadora, liberal muchas veces, y otras no tanto. Este sector reticente, posiblemente mayoritario en la derecha, no se expresa con claridad, y es más bien la corriente "progresista" la que marca la pauta. Ruiz Gallardón podría ser el líder más claro del "progresismo", pero de hecho, aunque de manera un tanto confusa, la mayor parte de los dirigentes del PP siguen una línea parecida a la suya.

Mantener unidas estas dos tendencias ha sido posible, no sólo por la energía y autoridad de Aznar, sino también porque el PSOE era el gran enemigo a batir, frente al cual convenía cerrar filas. Pero conforme el PSOE deje de ser un enemigo grande (y es de esperar que, si continúa sin regenerarse, vaya hundiéndose, por el bien del país) las tensiones internas dentro del PP serán más difíciles de contener. Además, no se percibe entre los posibles sucesores de Aznar una figura tan indiscutible como él para unos y para otros.

En estas circunstancias, no sería descabellado este panorama futuro: desaparición de Izquierda Unida a efectos prácticos, sucediéndole el PSOE en su posición marginal, y el PP dividido en dos partidos, uno "progresista", y otro liberal conservador. No digo que esto haya de ocurrir, pero no me parece imposible y, desde luego, no dejaría de ser una buena salida, si el PSOE sigue empecinado en sus políticas irresponsables y disgregadoras del país.

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