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El patriotismo y los políticos

Cuando vemos a esos farsantes burlándose de los muertos, es inevitable sentir una repugnancia insoportable. La política en España se ha convertido en una farsa interminable de los políticos al margen de la Constitución y contra la unidad de España.

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En el programa de VEO7 del pasado viernes, los cortes expresaron mi opinión sobre ciertos aspectos, pero desgraciadamente no pudieron incluir la argumentación. Fueron básicamente dos preguntas: si quedaba patriotismo en España y sobre el Valle de los Caídos.

Lo que dije, más o menos, fue esto: el patriotismo es un sentimiento natural que tiene la mayoría de la gente, de identificación con la patria, con su historia, asumiendo sus partes negativas que hay en todos los pueblos, con su cultura, el idioma común, etc. El pueblo, en general, es patriota. No lo son, en cambio, la mayoría de los políticos, incluyendo a los del PP, ni muchos intelectuales, ni bastantes periodistas. Y estos han llevado la voz cantante desde hace más de treinta años tratando de desprestigiar la idea de España, de denigrar lo que España ha hecho en la historia, de negar incluso la nación española, y no ha encontrado una respuesta a la altura. Por eso es tanto más sorprendente, después de una campaña tan prolongada e intensa, que el patriotismo del pueblo continúe. Es un sentimiento profundo, pero que tiene pocos cauces de expresión, debido a lo que antes dije, y que se manifiesta en cosas como el fracaso de los referendums separatistas, en muchos datos menudos, en formas a veces folklóricas, como en el fútbol. Pero es el orgullo de que España haya hecho algo bueno y meritorio ganando el mundial, contra la impresión que ha tratado de crearse de que lo español es malo.

La ausencia de patriotismo en los políticos, especialmente de izquierda, se revela en hechos decisivos, como el caso Rubianes o Burrianes, como se diga, que fue muy revelador, aunque hay otros muchos. Aquel individuo hizo muchísima gracia a un montón de políticos, que se solidarizaron con él. Se solidarizaron con lo que él decía, y no con la sagrada libertad de expresión, como algunos afirman. Pues seguramente no se solidarizarían con la libertad de algún neonazi para pedir la persecución de los judíos (aunque posiblemente sí lo hicieran con quienes pidieran la continuación del Gulag). Fue solidaridad con lo que dijo Rubianes y contra la libertad de quienes le respondían y denunciaban. Entre esos solidarios estaba la ministra de Defensa. Nombrar ministra a un personaje de esa categoría es una provocación intolerable, un insulto sangriento al ejército, a la democracia y a la propia España. Tenemos, por tanto, un Gobierno Rubianes, un Gobierno antiespañol.

Por eso me ha alegrado el abucheo a esos políticos con motivo, precisamente, del 12 de octubre. Máxime al ver allí, haciendo la farsa de homenajear a los caídos por España, a los mismos que están en permanente chanchullo con la ETA, que tantos caídos ha causado, o montando estatutos que ya no son de autonomía, sino de estado asociado, anticonstitucionales, rompiendo la soberanía nacional, y que nadie los pedía más que las camarillas de políticos, incluyendo los del PP. Cuando vemos a esos farsantes burlándose de los muertos, es inevitable sentir una repugnancia insoportable. La política en España se ha convertido en una farsa interminable de los políticos al margen de la Constitución y contra la unidad de España. Vivimos una involución antidemocrática y antinacional, y eso lo resume todo, es el dato básico del que hay que partir.

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