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El pensamiento simplón, 1

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Parece que vivimos tiempos de barbarie intelectual, en que el pensamiento se vuelve simple. No cesamos de oír a literatos, artistas y filósofos que, con expresión seria y responsable, anuncian su aversión “al poder”. No a la tiranía, por ejemplo, sino “al poder”, en abstracto. La experiencia más elemental muestra que en cuanto se asocian unas cuantas personas surge naturalmente alguna forma de poder, y los mismos enemigos del “poder” lo prueban: casi siempre forman clanes para ocupar los centros de decisión e influencia en sus medios, casualmente vinculados a los centros políticos de donde manan las subvenciones.

Leo ahora una diatriba de Carlos Fuentes contra los discrepantes de él y de Juan Goytisolo, ansioso éste, es natural, de recobrar antiguas y ventajas. Fuentes cita en su apoyo a Emilio Lledó, “gran filósofo español”. No soy quien para discutir esa loa, pues no he leído al filósofo. Hoy sólo es posible leer una ínfima parte de lo que se publica, y forzosamente nos perdemos todos muchas cosas, pero el pensamiento que le atribuye Fuentes no es como para lamentarlo en este caso. Lledó según el mejicano, censura al nacionalismo porque “inventa al otro como malo y de inferior calidad, para no tener que percibir nuestra propia miseria”. ¡El “otro”...! Nuevo hallazgo del pensamiento simplón que resuena a diestro y siniestro como fórmula orientadora en el laberinto moral de nuestros días: la salvación está en aceptar al “otro”, tolerarlo, solidarizarse con él, etc. Apliquemos la receta a Fuentes: ¿percibe él su propia miseria? Nadie lo diría, a juzgar por la arrogancia con que habla y acusa al “otro”, al discrepante.

Evidentemente, como en el caso del “poder”, hay gran variedad de “otros”, unos aceptables y otros no tanto. Me recuerda una escena cómica que presencié en una manifestación ácrata de primero de mayo, en el barrio de Tetuán. Unas mujeres portaban una pancarta a favor de “putas, lesbianas” y no recuerdo qué más. Un obrero mayor les ordenó retirarla, pero otro correligionario, más al día, le recriminó: “¿Es esa una actitud anarquista? ¡Prohibido prohibir!”. El obrero, desconcertado, se retiró murmurando “Pues que vengan aquí los fascistas. A ver cómo vamos a prohibírselo”.

Fuentes contrapone el estilo e ideas suyos y de Goytisolo (lo “bueno, de superior calidad”) a los de sus contrarios, colmo de “lo malo, de inferior calidad”, propio de lo que llama, algo toscamente, “la era fascista” española. El “otro” es fascista para Fuentes.... conocido por su productivo acoplamiento en la dictadura del PRI mejicano, por cierto mucho más larga y muchísimo más corrupta que la de Franco.

Que tales formas de pensar, no por simples inocentes, hayan tomado carta de naturaleza en nuestros medios intelectuales, indica dónde estamos.

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