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El ridículo

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Tiene toda la razón Rabat al acusar a nuestro gobierno de reaccionar de forma desproporcionada. Ha invadido territorio español ocho o doce soldados, no se sabe muy bien, una tropilla a la que podría desalojar fácilmente una sección de la Guardia Civil, llevarla a Ceuta y aplicarle la ley de extranjería, y la reacción española, en vez de hacer lo más fácil, lo más justo y lo más resolutorio, ha consistido en recurrir a la UE, a la OTAN –y supongo que lo hará a la ONU y quién sabe a qué organismos más–, ha llevado fragatas y corbetas a la zona, y reforzado con miles de soldados su presencia militar. Suena inverosímil, pero es la pura realidad.

Grotescamente, la ministro de Exteriores declaraba que tenemos razón porque lo dicen la UE y la OTAN, que la movilización de fragatas, corbetas y fuerzas de todo tipo tiene carácter “simbólico”, que lo que ha hecho Marruecos “no se puede hacer”, y menos a un país que ha firmado con Rabat un “tratado de amistad”, que “hay que agotar los medios diplomáticos”, y actuar “civilizadamente”.Ha dicho algo un poco más preocupante: que cuántas veces en la vida aseguramos que no haremos tal cosa, y luego la hacemos, porque nos convencen o algo por el estilo. ¿Cómo interpretar esto? ¿Insinúa su disposición a ceder el islote, y seguramente otras muchas cosas, si en vez de la bofetada del “hecho consumado”, Marruecos acepta el “diálogo”, palabra mágica? ¿Y por qué no dialogar, por ejemplo, sobre Ceuta y Melilla, sobre las Canarias o sobre Al Andalus, aquella brillante y tolerante civilización echada a perder por “los del norte” como decía el amigo del tirano, Banderas? Aseguramos que no lo haremos, pero… ¿Además, qué podría haber más civilizado?

Naturalmente, Mohamed ha recogido el guante de la ministra, y ha mostrado su disposición a dialogar, ¡cómo no! El déspota piensa prolongar la situación todo lo posible, consciente del ridículo en que sume a un gobierno que actúa ridículamente. Cuanto más dure la farsa, más heroicos parecerán aquellos ocho o doce hombres, capaces de alborotar como a un gallinero asustado a la poderosa España. Pues España, claro, tiene potencia militar y de todo tipo superior a la de Marruecos, pero, no menos claro, le falta nervio, moral y sentido de las proporciones, aparte de entendimiento sobre cosas elementales: Marruecos no es un país como los de la UE.

Al final, supongo, los moros se irán (la OTAN es la OTAN), no sin haber causado un enorme daño moral a España ¿Qué mensaje recibirá el tirano de todo esto? Desde luego, nada que le desanime para próximas agresiones y provocaciones. Pues nuestros ministros parecen ignorar que lo civilizado no es facilitar la agresión, sino contenerla con firmeza y economía de fuerzas allí donde se produzca. En todo caso, uno no puede dejar de admirarse: sólo ocho o doce tíos, pero, ¡qué tíos!

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