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En memoria de Martínez Bande

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Con varios días de retraso me he enterado de la muerte de José Manuel Martínez Bande, uno de los principales historiadores de nuestra guerra civil. Sus obras, indispensables para conocer las campañas y episodios de la contienda, van más allá de las aportaciones simplemente interesantes para quedar como obras de máxima calidad en un asunto que sigue generando un verdadero torrente bibliográfico –pues no en vano aquella guerra concentró un enfrentamiento mucho más vasto e internacional entre dos ideas del mundo, dos civilizaciones, como insistieron de muchas formas los dos contendientes.

Martínez Bande se halla entre los excelentes historiadores militares, como los hermanos Ramón y Jesús Salas Larrazábal, Gárate, Casas de la Vega y otros, que tanto han contribuido a poner las cosas en su sitio y en sus justas proporciones. Sus cualidades, no tan frecuentes como debieran serlo entre los estudiosos, son la precisión, la claridad y la lógica, con las cuales echan por tierra edificios explicativos en apariencia ingentes, pero sostenidos sobre los cimientos arenosos de la propaganda, Los echan por tierra, claro está, para quienes se molesten en leer y contrastar unos estudios y otros, pero esto no está al alcance de la mayoría, sobre todo de los jóvenes, que reciben una información deleznable en la mayoría de los departamentos de historia contemporánea. En esos departamentos, autores como Martínez Bande prácticamente “no existen”, mientras campan a sus anchas otros indiscutiblemente inferiores, cosa posible gracias a un silenciamiento intencionado, que niega la vocación intelectual de la universidad y desacredita a ésta.

Sustituida la búsqueda de la verdad por campañas de propaganda ideológica, el estudio de la guerra civil ha dado grandes pasos atrás en los últimos años. Como la memoria histórica no es un mero adorno, los efectos resultan nefastos para la convivencia ciudadana. Tales campañas alimentan, por ejemplo, el secesionismo en Vasconia, el nacionalismo rencoroso en Cataluña, o paralizan una respuesta adecuada a ellos, como hace años las acusaciones de “fascismo” paralizaban a sectores políticos y populares moderados.

No conocí personalmente a Martínez Bande, pero sus trabajos, como los de los hermanos Salas Larrazábal, fueron para mí, hace años, un foco de luz sobre estos temas, ya que tuve la oportunidad, por desgracia poco frecuente hoy día, de contrastarlos con las ruedas de molino que antes me había tragado con lamentable falta de espíritu crítico. Al recordarle en su muerte, tan inadvertida para una prensa inmersa en las andanzas de personajillos de tres al cuarto, lo hago también con agradecimiento personal.

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