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Errores de enfoque

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Un problema mal enfocado no se puede resolver. Arzallus acaba de declarar la “guerra política” en defensa del terrorismo, es decir, que piensa actuar de forma desestabilizadora. Pero eso es lo que siempre ha hecho, usando el crimen etarra de forma similar a como Lenin planteaba la lucha revolucionaria, combinando formas legales e ilegales, violentas y pacíficas, para socavar las democracias. Con extraña ingenuidad, Mayor Oreja le ha replicado que “el enemigo del nacionalismo vasco democrático es el terrorismo de ETA”. ¿Cabe un desenfoque más sorprendente? El absurdo de la idea brilla en su mera exposición. ¡Ya se habría percatado el PNV de esa supuesta enemistad, sin necesidad de que le ilustrara el político del PP! Y cabe preguntar dónde está ese nacionalismo vasco democrático, o cuándo ha hecho otra cosa que intentar beneficiarse del terrorismo. Tal planteamiento está en el origen de la política servil, necia y demagógica del PSOE. Esperemos que en Mayor haya sido solo un desliz momentáneo, quizá con la ingenua idea de dividir a los nacionalistas. El terrorismo es ciertamente el peor enemigo de los vascos, pero en modo alguno del PNV. No habrá manera de resolver el problema si no se aprovecha cada ocasión para hacer ver a la gente cómo este partido, lejos de declararle la guerra al terrorismo se la declara a la democracia y defiende a aquél, si no se muestran sin descanso las profundas relaciones, pese a disputas secundarias, entre el nacionalismo supuestamente pacífico y el claramente asesino, si no se denuncia su responsabilidad en la falta de libertad reinante en Vasconia. Los vascos, incluido los peneuvistas menos envenenados, deben comprender estos hechos, para lo cual hay argumentos y datos más que suficientes.

Otro desenfoque: se dice que los ingleses no tienen por qué retener Gibraltar cuando “somos amigos, somos aliados y estamos todos en la OTAN y la Unión Europea”. Eso es un error fundamental de planteamiento. Desde luego, no somos amigos, a menos que se llame amistad a la sumisión abyecta del que sufre una humillante agresión colonial. Los ingleses, por supuesto, tienen las ideas mucho más claras. Gran Bretaña es una realidad desde hace siglos, que aspira a perdurar, no a disolverse en una Unión Europea formada hoy mismo y con sustancia política e histórica incomparablemente menor. En cuanto a la OTAN, la parte sólida de ella ha sido, y seguirá siendo la “relación especial” entre Washington y Londres, de ninguna forma entre Londres y Madrid, el “amigo” tan perfectamente despreciable. En realidad, sólo una presión permanente y a largo plazo hará entrar en razón a ingleses y “llanitos”, conforme perciban que la situación actual se les volverá cada vez más gravosa. Ello puede hacerse de manera educada (los ingleses son expertos en apretar las tuercas con buenos modales), pero hay que hacerlo, sin excluir un razonable cierre de la verja, construida por ellos mismos en tierra ajena al pacto leonino de Utrecht.

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