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Informando a Jorge y a Helen

Con el desparpajo típico de los marxistas, la señora Graham, como Preston, Juliá, Fontana, Jorge y compañía, se obstina en tachar de "franquistas" las versiones contrarias, incomparablemente mejor argumentadas y documentadas.

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De vez en cuando mi amigo Jorge Martínez Reverte va por la prensa soltándome piropos. Últimamente me ha llamado "impresentable", "mala persona" y "malvado", porque tengo la desgracia de discrepar de sus creencias sobre la guerra civil. Jorge no es malo, pero no entiende mucho de lo que habla: lo suyo no es la historia, sino la novela. Escribía novelas policíacas con un detective progre de protagonista, el cual, como tal progre, era temperalmente inasequible a la corrupción, ya ven ustedes si tiene buen ojo.

Con el mismo buen ojo, me temo, Jorge ha escrito otras tres novelitas sobre la guerra civil, ambientadas en las batallas del Ebro, Madrid y Cataluña. Él las cree libros de historia, porque no distingue bien entre una cosa y otra, y ello le permite pasmarse ante descubrimientos como éste, que expone en Bobelia: "la correlación de fuerzas antes del 23 de diciembre de 1938, cuando se inicia la campaña de Cataluña, era favorable a Franco". ¡Y tan favorable! Franco empezó la guerra en desventaja casi desesperada, a lo largo del primer año fue logrando un equilibrio material, hasta que, al final de la campaña del norte, en octubre de 1937, alcanzó una superioridad que iría en aumento. Al emprender la campaña de Cataluña, acababa de derrotar en el Ebro al ejército de Negrín, y su ventaja era ya abrumadora. Está bien que lo diga Jorge y lo publique Bobelia como un hallazgo, pero, créanme ambos, ese mediterráneo lleva muchos años descubierto.

Donde ya mete la pata es al atribuir esa superioridad a Hitler, otra manía de la novelística progre. Vamos a ver: el Frente Popular dispuso de enormes recursos financieros, aparte de los que saqueó al tesoro artístico e histórico nacional y a los particulares, incluyendo las alhajas de los montes de piedad. Y con todo ello logró, nos dicen, menos armas y suministros que Franco, el cual, en comparación, partía casi de la indigencia: "los republicanos no tenían ni un fusil para cada dos combatientes". Tan extraño caso requiere algún análisis, ¿no les parece, señores historiadores progres? ¿Tendría algo que ver en ello la masiva corrupción de las izquierdas en la compra de armas? ¿O el hecho de que al colocar el grueso de las reservas en la URSS pasaran a depender por completo de Stalin? ¿Tendría algo que ver la práctica inexistencia de tal corrupción en las compras franquistas, y el pago, en excelentes condiciones, del material recibido de Alemania e Italia? ¿O el hecho de que, pese a la escasez de medios financieros, Franco salvara su independencia frente a Hitler y Mussolini? Piénsenlo, y a ver si nos dan una respuesta más satisfactoria que las seudorrománticas lloreras sobre la mucha ayuda supuestamente obtenida por los malos y la poquísima de que, nos aseguran, disfrutaron los buenos.

Rémi Skoutelski también nos larga una novela sobre las Brigadas Internacionales, y compara los "75.000 italianos frente a los 35.000 miembros de las Brigadas Internacionales". Pero los italianos llegaron después, y en respuesta a las brigadas internacionales, las cuales, junto con las armas, los asesores y el terror soviéticos, impidieron que la guerra terminase en cinco meses, en noviembre de 1936, y prolongaron la carnicería hasta abril del 39. Estos detalles siempre se les escapan a estos historiadores que prometen rebatir al "revisionismo". Como sigan así...

Envidia me da, en cambio, la vista de Jorge para otras cuestiones: ha sabido colocarse como historiador oficioso del gobierno, con sabrosas prebendas en televisión. Seguro que la derecha traga, al revés que la izquierda cuando armó tan formidable y antidemocrático alboroto por la entrevista que Dávila osó hacerme en TVE-2. Nunca he recibido –ni pedido– apoyo del PP, que apenas le mientan la historia se encoge como un gusano: en cambio Jorge y el Partido de los ciento y pico años de honradez van juntos, tan orgullosos. Buen ojo, digo, o, al menos, buena suerte.

Más gracia tiene doña Helen Graham, una historiadora progre británica de la escuela de Preston, muy quejosa de la venta de los libros de César Vidal y los míos, y no mejor informada sobre la guerra que el amigo Jorge. Una costumbre de esta buena gente es la de invocar la "complejidad" de la historia, para a continuación endilgarnos los más simples esquemas de un marxismo de andar por casa. Así nos informa nuestra escritora de que la república "inició una serie de transformaciones (la reforma agraria, la separación Iglesia y Estado, la modernización del ejército, la generalización de la educación) que pretendían traer a España los cambios que ya había dado Europa desde la revolución de 1789, pero no llegó a propiciar un cambio de régimen, ni alteró las relaciones de poder; no desposeyó a los grandes terratenientes e industriales de sus propiedades" ¿Dónde hemos leído esta letanía? Ah, sí, es la base de la propaganda de la Comintern y de las historietas "científicas" del estalinista Tuñón de Lara. Doña Helen cree que la agresiva demagogia de las izquierdas –no de "la república", aunque las izquierdas se creyeran, despóticamente, las dueñas del nuevo régimen– fracasaron por no haber destruido más a fondo las normas democráticas y el derecho de propiedad (y el derecho a la vida: no se dice, pero va implícito en las concepciones marxistas). ¿Habrá leído doña Helen a Azaña? ¿Habrá leído a los "padres de la república"? ¿Habrá leído las memorias de los políticos de entonces? Increíble, a estas alturas.

O descubre otro mediterráneo, al modo de mi amigo Jorge: "No había dos Españas condenadas a enfrentarse, las cosas no eran tan simples". Pues tiene razón, no había tal condena, y la simpleza la encontramos más bien en doña Helen empeñada en sus torpes esquemas e incapaz de analizar el proceso. Así, no era forzoso que en el PSOE se impusieran Largo Caballero y Prieto, en lugar de Besteiro; no era forzoso que Largo y Prieto planificaran la guerra civil en 1934; no era forzoso que Companys utilizase la autonomía para promover una rebelión guerracivilista; no era forzoso que Largo mantuviera después sus posiciones revolucionarias y Prieto alcanzase el summum de la demagogia; no era forzoso que Azaña destruyese en 1936 su propia legitimidad al amparar el proceso revolucionario, o que vulnerase él mismo la ley sistemáticamente; no era forzoso, en suma casi nada de lo sucedido. Pero dejando aparte esta perogrullada, tales cosas sucedieron, y la destrucción de la ley, de la democracia, por las izquierdas y el separatismo, causó la guerra civil. Y no a la inversa, como insisten, ¡con toda la documentación hoy conocida!, estos epígonos de la propaganda estalinista.

Con el desparpajo típico de los marxistas, y más todavía de los baratísimos marxistas posteriores a la caída del muro de Berlín, la señora Graham, como Preston, Juliá, Fontana, Jorge y compañía, se obstina en tachar de "franquistas" las versiones contrarias, incomparablemente mejor argumentadas y documentadas. Una muestra más de su mezcla de embrollo e ignorancia. A ver si un poco de información les va serenando y abriendo los ojos.

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