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La doble alma del PSOE

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El PSOE sufrió antaño una tensión entre una inclinación socialdemócrata, moderada, y otra bolchevizante, o al menos jacobina; y entre la defensa de España y el aliento a todo lo que pudiera desprestigiarla y romperla. La república fue llevada a la ruina, de manera no exclusiva pero si muy principal, por la derrota de la posición moderada (Besteiro), a cargo de la bolchevique y jacobina ( Largo Caballero y Prieto). La tendencia anti-española culminó en la conversión del Frente Popular en un protectorado soviético, gracias a la entrega de las reservas de oro españolas a Stalin, por Negrín y con la aprobación de Largo y de Prieto.

En la transición posterior a Franco pareció que tales tensiones ya no existían. El PSOE renunció al máximo, aceptó las libertades, y su actuación tomó tinte socialdemócrata. Eso sí, con el jacobinismo tosco de Alfonso Guerra, y la falta de principios y de escrúpulos de Felipe González. Un problema del PSOE, que no va a resolver a corto plazo, ha sido la pérdida de cualquier principio o doctrina. Así, la corriente jacobina y oportunista cobró ímpetu, y de no haber sido frenada, sobre todo por una parte de la prensa, habría desembocado en un régimen similar al PRI mexicano: corrupción masiva y liquidación subrepticia de las libertades, valiéndose también de la corrupción, más bien que de la fuerza abierta, y del control del poder judicial. Creo que nos hemos librado por poco, y no hemos tomado aún plena conciencia de lo que debemos a unos pocos periodistas y órganos de expresión capaces de defender las libertades frente a los acomodaticios o los cómplices.

Esas tendencias han resurgido en la campaña electoral vasca. González persiste en el equivoco de considerar democrático al PNV –acaso porque el propio González tampoco lo es: es más bien priísta–, en disimular su complicidad con el terrorismo y su explotación de cualquier medio para socavar la democracia, por ser “española” y amenazar su cacicato.

Aquel sueña con volver a la alianza del PNV y el PSOE, sin prestar atención a sus nefastas consecuencias para las libertades y la convivencia en el País Vasco. ¿Puede prevalecer esa política? La intervención de González en la campaña electoral prueba que el PSOE no ha superado plenamente su herencia. El propio Zapatero, cayendo en la trampa tendida por Arzallus, ha recordado al PNV que el PSOE nunca había pactado con la derecha, como si ese pacto fuera un delito o el PNV no fuera uno de los partidos más derechistas de España.

El cambio de orientación del socialismo, después de los acuerdos antiterroristas, es posible, pero de ninguna manera está garantizado.

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