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La ETA, hoy

La farsa ha triunfado muy ampliamente gracias a la actitud colaboradora de Rajoy, el hombre para quien "la economía lo es todo", el cual ha liquidado la oposición política y conducido a la nada las protestas.

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Es evidente que la ETA no marcha como ella quisiera, sobre todo en el plano del asesinato directo, a pesar de todas las ventajas que le ha dado el Gobierno. ¿La razón? La misma que en tiempos de Aznar redujo al mínimo sus acciones, frustrándolas una tras otra: la infiltración, fundamentalmente, pues no puede haber otra. Zapo heredó un aparato policial que había logrado infiltrar profundamente a los terroristas, y su jugada consistió en utilizar la amenaza de la ETA, enormemente exagerada por su Gobierno, para lograr "la paz" a costa de liquidar el Estado de derecho y avanzar en la disgregación de España. Se trataba de un plan de colaboración, no de cesiones, con un objetivo común, ya que tanto la ETA como el PSOE son socialistas, indiferente a España el PSOE y contraria la ETA, y comparten numerosos puntos ideológicos comunes. Había razones para esperar que Zapo ganase de este modo el premio Nobel de la paz.

Los servicios de los socialistas a la ETA han sido inverosímiles en cualquier gobierno de apariencia democrática: ha legalizado sus aparatos políticos, les ha inyectado gran cantidad de dinero público, ha dado a los terroristas proyección internacional, más dinero con motivo de la "ley de memoria histórica", les ha facilitado una buena imagen mientras trataba de hacer añicos la de las víctimas del terrorismo, de silenciarlas y dividirlas. Ha justificado y premiado, en fin, el asesinato como método de hacer política. Estas y otras "cesiones" no son tales, su nombre real es colaboración con banda armada. El Gobierno actual ha sido el mayor colaborador que haya tenido la ETA en su historia, más que el clero nacionalista, más que la oposición antifranquista, más que el Gobierno francés, más que el PNV. Sin embargo los negocios entre los dos grupos terminaron estropeándose, porque la ETA exigía demasiado, sin darse cuenta, al parecer, de su debilidad en el terreno de las pistolas, el terreno fundamental para ella, pues su capacidad política deriva de su capacidad de matar. El Gobierno conocía esa debilidad y toda la farsa ha consistido en fingir lo contrario como cobertura de una política general contra las libertades, contra la Iglesia, contra la independencia judicial, contra la integridad de España, contra la herencia de la Transición... Todo en nombre de la "paz" con una banda a la que el Ejecutivo de Aznar ya había colocado contra las cuerdas.

La farsa ha triunfado muy ampliamente gracias a la actitud colaboradora de Rajoy, el hombre para quien "la economía lo es todo", el cual ha liquidado la oposición política y conducido a la nada las protestas. España ha retrocedido inmensamente desde la última época de Aznar: el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, del que nadie quiere acordarse, se ha convertido en un Pacto con el terrorismo contra las libertades. Y el Gobierno, por supuesto, no ha cerrado la puerta en las Cortes ni en ningún otro terreno a reanudar sus negocios con la ETA. Son demasiadas cosas las que les unen.

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