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La honradez de Rajoy

Oigo a muchos repetir como una consigna que Rajoy podrá ser esto o lo otro, pero por lo menos es honrado. Desde luego, no tengo ninguna duda sobre su honradez personal que, en principio se le supone a todo el mundo. Pero la cuestión aquí es la de su honradez política, y ahí la cosa ya es mucho menos clara. Así como no podemos fiarnos de la honradez de quien empieza por no tener claro si robar o sobornar o dejarse sobornar es bueno o malo, tampoco podemos fiarnos de un político carente de otras convicciones que "la economía lo es todo", o que es bueno estar en el poder. ¿Podemos considerar honrado a un político que apenas deja oír una queja ante los ya incontables desmanes de un Gobierno pro chekista, pro terrorista, pro pederasta y contrario a la independencia judicial; un político que denuncia un estatuto anticonstitucional para después imitarlo, que admite la invención de "realidades nacionales", que admite la exaltación de un botarate como Blas Infante a "padre de Andalucía" y los homenajes anuales correspondientes, que fomenta los separatismos en los hechos, que no sale en tanga en la televisión después de defender el derecho de sus mozas a salir en los medios con atuendo cabaretero, que apoya en la práctica el "matrimonio" homosexual y el aborto, que invita a olvidar la historia y cumple sin más la totalitaria "ley de memoria histórica", ley que deslegitima la democracia presente –ya camino de ser pasada– y la monarquía; un político que presiona para silenciar a periodistas molestos y desactiva la AVT, etc. etc.?

Como decía, Rajoy tiene dos convicciones firmes: el poder y la economía, o una combinación de ambas, el poder de la economía o la economía del poder. Su programa consiste en eso: "es preciso echar al Gobierno actual y colocarnos nosotros en su lugar". Y mucha gente sólo sueña con que se vaya Rodríguez, sin pensar en quién será el sustituto, es decir, un señor que ha dado sobradas pruebas de su disposición a traicionar cualquier valor o promesa en nombre de la economía y el poder. Aunque Rajoy tampoco demuestra mucha prisa al respecto, pues sin duda le resulta preferible que sea el Gobierno actual quien peche con la crisis, aunque se arriesga a que, si esta va superándose antes de las elecciones, vuelva a perderlas. Pero la vida, ya se sabe, tiene siempre sus riesgos. Por lo demás, parte importante de la economía es la colocación profesional del numeroso personal del partido en cargos políticos, único medio de mantenerlo agradecido, fiel y disciplinado. Y Rajoy dispone de un poder regional y local suficiente para repartir muchos cargos.

Y en cuanto a la economía en general, sus propuestas, de carácter populista, no convencen a muchos economistas expertos, y aun las más aceptables de ellas habría que ver si era capaz de ponerlas en práctica frente a una presión fuerte de sus adversarios, que debe darse por segura. Ahora bien, la economía es un concepto muy amplio, y puede dar serios disgustos: el caso Gürtel, por ejemplo.

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