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La importancia del espíritu

Comentaba Tocqueville el resultado de la burda imitación mejicana del federalismo useño: al copiar las formas del norte no pudieron importar su espíritu, y el resultado ha sido una estéril oscilación entre la anarquía y el despotismo militar.

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La situación de España recuerda a la de los hijos de un padre emprendedor que les ha dejado una gran herencia, pero ellos han salido ineptos, arrogantes y de cortas luces, no saben desarrollar el legado, lo malgastan y de paso escupen sobre la memoria de su progenitor. Me comentaba un corresponsal la diferencia entre una multinacional como Ikea y las grandes empresas españolas. Ikea rebosa de patriotismo sueco en los nombres, colores y estilos, los exhibe con orgullo; las empresas españolas procuran borrar cualquier signo de su origen nacional, hasta cambian sus nombres y los de sus productos por otros de sonido anglosajón. Y sin embargo el empeño sueco, con toda su simpatía, tiene algo de patético: su idioma se habla en un solo país poco poblado, sin esperanzas de una proyección exterior real, por lo que su cultura quedará cada vez más satelizada a la anglosajona. De España, en cambio, se dice que dispone del segundo idioma más hablado de occidente, una riqueza absolutamente infrautilizada, cuando no menospreciada por los mismos hispanos.

En el extremo contrario de Suecia encontramos a Usa, una sociedad con un sentimiento patriótico y conciencia cultural no menos intenso que el sueco pero que, en cambio, ha logrado desarrollar una inmensa cultura influyente sobre el resto del mundo. En cuanto a España, no es que falten patriotas, hoy abundan, pero han trasladado sus sentimientos de pertenencia... a Usa: oficiosos y entusiastas nacionalistas useños, aspiran a eliminar el español en el ámbito científico y contribuyen al proceso de desplazamiento del español en la cultura superior. No se explican con tanta crudeza, claro está, emplean el truco de dar por hechos sus deseos: el triunfo del inglés en todos los ámbitos es irremediable, por lo cual ¡hay que espabilar y adaptarse, chico! He ahí la argucia, salvadas otras distancias, de los afrancesados con respecto a Napoleón, o de los colaboracionistas de la pasada guerra mundial.

Entre la legión de entusiastas y oficiosos prouseños, el colaborador de Libertad Digital Rubén Osuna se siente obligado a ilustrarnos con una información hoy trivial por archisabida sobre la expansión del inglés en medios científicos (y no científicos). Por supuesto, tal fenómeno obedece en gran parte a la calidad de las universidades useñas (y a otros factores de potencia económica, política y militar para él irrelevantes). La cuestión, que él no ve o se niega a ver, radica en que esa abrumadora expansión plantea un reto decisivo para nuestra cultura e idioma, un problema de supervivencia a largo plazo, quizá no tan largo. Este reto clave de nuestro tiempo no entra en las preocupaciones de Osuna, ni siquiera parece capaz de percibirlo, debido a una extendida inconsciencia o despego hacia la propia cultura, como ocurre con Rajoy, Esperanza Aguirre y tantísimos más. Con tal espíritu la ciencia y en general la cultura española carecen de futuro, condenadas de antemano a la posición de satélites muy subalternos de Anglosajonia.

Al revés que nuestros oficiosos, los useños tienen un muy agudo sentimiento de sí mismos, de su cultura e intereses, y de ese espíritu derivan precisamente sus logros y su influencia actuales. Los centros de enseñanza superior en Usa no han nacido de la casualidad o de un espíritu ni remotamente parecido al de nuestros nacionalistas prouseños, sino de un empeño consciente, tesonero, audaz y costoso por elevar su nivel y conseguir la primacía. Ese espíritu debiéramos imitar, pero los prouseños de aquí, tan abundantes, ni siquiera lo entienden. ¡Como que ante el problema se salen con quejas sobre obstáculos burocráticos para presentar documentación o tesis en inglés en el CSIC! Su espíritu no va más allá.

Comentaba Tocqueville el fruto de la burda imitación mejicana del federalismo useño: al copiar las formas del norte no pudieron importar su espíritu, y el resultado ha sido una estéril oscilación entre la anarquía y el despotismo militar. Pasando del terreno político al intelectual, viene a ocurrir lo mismo: la esterilidad. Eso sí, en inglés.

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