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La ingenuidad de Elvira Lindo

Lo que pretenden los autores del plan es meter en la cabeza de los niños determinadas opiniones y mentalidades, es decir, adoctrinarlos, engañándolos además al presentar tales versiones como "las democráticas".

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Nos dice la conocida escritora:

Me cuenta una profesora de Historia de un colegio concertado cómo, apremiada por la insistencia de los padres en discutir si había que aceptar o no la Educación para la Ciudadanía, una de las religiosas que dirigen el centro, contestó: "No es un asunto urgente pero quiero que tengan claro que cuando la asignatura tenga que darse, se dará". La religiosa no se sumaba a la rebelión a la que algunos sectores defensores de las esencias católicas animan. Probablemente, sobre sus manos caerán asuntos como la homosexualidad, la inmigración o la violencia y los manejará sin el más mínimo problema, haciendo compatibles sus creencias con los principios que definen nuestra democracia. No es tan difícil.

¿Dónde está la trampa? En lo siguiente: la homosexualidad, la inmigración o la violencia y tantos otros problemas son asuntos políticos y sociales sobre los que hay gran diversidad de opiniones en nuestra democracia –que por eso es democracia–, y que se solventan precisamente en la sociedad por medio de la discusión política, estudios, votaciones, disputas a veces muy agrias, etc. ¿Debe trasladarse a las aulas el debate político, a menudo muy enconado y sembrado de pasiones? Esto podría sonar a instrucción para la democracia, pero con toda probabilidad es una majadería que degradaría aún más el ambiente escolar... o se resolvería según la tendencia política del profesor.

Pero, por supuesto, ni de esa democracia esperpéntica se trata. Lo que pretenden los autores del plan es meter en la cabeza de los niños determinadas opiniones y mentalidades, es decir, adoctrinarlos, engañándolos además al presentar tales versiones como "las democráticas". No puede ser de otro modo, y menos teniendo en cuenta el partido que impulsa esa seudoeducación, el nunca regenerado partido del GAL y de Filesa, de los enterradores de Montesquieu y de los pactos contra la Constitución, o de la ley que pretende oficializar una versión radicalmente falsa de la guerra civil. Sería chocante que la señora Lindo ignorase estos detalles y, sin embargo, los pasa por alto, como si nada significasen. ¿Por ingenuidad? Pero esa Educación para la Ciudadanía solo puede ser acorde con sus promotores, aparte de una imposición totalitaria.

La religiosa de la señora Lindo puede que no se sumase a la protesta contra este intolerable abuso por dos razones. La primera es que la enseñanza concertada depende en gran medida no del Estado sino del Gobierno que toque, y en España pervive la pésima costumbre de que los políticos de turno utilicen fraudulentamente los fondos públicos a favor de su ideología. Esos colegios están sometidos al chantaje de esos políticos, a la amenaza permanente de represalias; algo obvio que Elvira Lindo no toma en cuenta no se entiende bien por qué. Suena de nuevo a un exceso de ingenuidad.

Una segunda posible razón: algunas religiosas desentonan y son tan progres como pueda serlo Zapo. Lo mismo que en la izquierda desentonan algunos políticos y pueden ser tan demócratas como Gotzone Mora o Rosa Díez. Ese tipo de religiosas seguro que no encontrará difícil "hacer compatibles sus creencias con los principios del PSOE" con los que implícitamente se identifica doña Elvira y que son, por mucho que ella los disfrace, muy diferentes de los principios que debieran definir nuestra democracia. Hay religiosas que nunca han aprendido lo más elemental de dichos principios, como, aparentemente, tampoco nuestra literata.

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