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La manía lusista en Galicia

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En los últimos años proliferan en los muros gallegos pintadas llamando a la revoluçao y cosas parecidas, con ortografía portuguesa, harto chocante para los gallegos corrientes: ¡una innovación de nuestros nacionalistas, nunca muy seguros de sí mismos, y por ello poco separatistas! Esa inseguridad constituye una virtud, aunque ellos crean lo contrario, y así abunda mucho menos en Galicia que en "Euskadi", y también que en Cataluña, esa cerrazón fanática y cutre, tan característica. Según aquellos, Galicia ha de optar entre la dependencia de España y la de Portugal. Naturalmente, quienes conocen tanto el feroz y explotador colonialismo hispano como el fraternal espíritu tutelar luso, saben muy bien hacia dónde inclinarse –en rigor, la elección cae de su peso–, y entienden que su misión consiste en iluminar a los obcecados y testarudos que ven las cosas de otra manera.

Según una de sus consignas, el gallego y el portugués son, en definitiva, la misma lengua. ¿Lo son, en realidad? Salta a la vista su origen común –también con el castellano y el catalán, aunque algo más remoto–, pero no resulta menos evidente su distinta evolución a lo largo de ya muchos siglos. Si, por ejemplo, el gallego y el portugués se unificasen, el primero quedaría como una forma secundaria, pero muy diferenciada, del portugués, como una especie de dialecto, injustificado por la historia. De hecho un castellano, un catalán o un vasco entienden con bastante facilidad el gallego, pero no tanto, ni mucho menos, el portugués. Y a la inversa, un campesino de Lugo entiende mejor a un visitante de Zaragoza que a otro del Algarve, y creo que no sólo porque el español sea de uso común en Galicia.

Dentro de esa manía asimilacionista late la desconfianza en el porvenir de la lengua gallega, condenada, según temen los nacionalistas, a disolverse en el castellano o en el portugués Y ellos, mal por mal, prefieren el segundo, haciendo añicos siglos de historia y de cultura, simplemente por una aversión gratuita y neurótica a España. Pero la verdad es que el gallego es un idioma muy minoritario, y como tal deberá desenvolverse, sin buscar muletas en Lisboa. Ni él, ni el catalán o el vasco, pueden aspirar a convertirse en lenguas universales, lo que no excluye que puedan hacerse en ellos aportaciones universales, literarias o científicas. ¿Vendrán esas aportaciones de los nacionalistas? Dudo que salgan de ellos otra cosa que panfletillos. Hace poco leí el Libelo sobre la cultura en euskera, de Matías Múgica, cómico y triste a un tiempo, muy recomendable para entender los desaguisados y el empobrecimiento ocasionados por los nacionalismos a la misma causa que dicen defender.

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