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La prostitución y el Gobierno

El Gobierno expuso intenciones de prohibir ese tipo de anuncios. Por mi parte estaría de acuerdo, si no fuera porque ese Gobierno es al mismo tiempo un gran promotor de esas actividades que al mismo tiempo pretende limitar.

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Tengo entendido que la prostitución en sus variadas formas se ha convertido en uno de los negocios más masivos y rentables de Europa y, desde luego, de España. Un negocio con facetas legales e ilegales, abiertas y ocultas, y por lo común rodeado de un halo de drogas, mafias y delincuencia mayor o menor. En sus beneficios participan muchas personas y empresas, por ejemplo los periódicos "serios" con sus anuncios de contactos y similares (El País creo que fue de los primeros en apuntarse al negocio, o quizá el primero), e indirectamente de otros modos. Hace algunas semanas, creo recordar, el Gobierno expuso intenciones de prohibir ese tipo de anuncios. Por mi parte estaría de acuerdo, si no fuera porque ese Gobierno es al mismo tiempo un gran promotor de esas actividades que al mismo tiempo pretende limitar.

Con la prostitución ocurre como con otras formas de la sexualidad humana: que los intentos de acabar con ella han resultado baldíos, cosa que algunos consideran la prueba de que debiera ser reconocida y aceptada como cosa normal, en el sentido de aceptable e incluso deseable, y así viene a ser tratada cada vez más a menudo por los medios. Admitamos que se trata de un problema difícil. Pero el hecho de su existencia y de la imposibilidad, incluso inconveniencia de erradicarla, no es argumento de peso en el sentido dicho: tampoco ha conseguido nunca erradicarse el crimen, el robo, la corrupción, el alcoholismo, el adulterio o la pederastia, por poner algunos ejemplos, y sin embargo no nos gusta la idea de que debamos considerarlos como normales y aceptables. Salvo casos particulares, pues de todo hay, a ningún padre o marido le gusta la idea de que su hija o esposa se prostituyan, aunque puedan extraer de ello saneadas ganancias, como en la obra de E. Albee Todo en el jardín. Otro tanto si los prostituidos son varones, un caso antes raro y cada vez menos.

No obstante, esta aversión o repugnancia puede ser considerada simple prejuicio moralista e hipócrita, susceptible de cambiar a una mentalidad más "abierta" o "liberada". Máxime si se la relaciona con la religión cristiana. No olvidemos que el Frente Popular quiso erradicar hasta el recuerdo del cristianismo en España, y el Gobierno actual se considera heredero de aquel. Pues basta reducir la sexualidad, exclusiva o fundamentalmente, a una mera experiencia placentera, para que todas sus formas puedan considerarse equivalentes, y un estorbo la familia –no por casualidad en crisis. Julián Marías criticaba la tendencia a reducir la sexualidad humana a un plano zoológico, y, en efecto, hoy se la explica a menudo relacionándola con la conducta de diversos simios. Con ese enfoque, toda nuestra evolución cultural de milenios, apoyada en el cristianismo, sobraría. Por esa vía circula el Gobierno socialista.

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