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La putrefacción de la política española

Que el PSOE tuviera el mayor interés en atribuir el atentado a los islamistas, no demuestra que estos fueran los verdaderos autores, sino sólo que la jactanciosa complicidad política con el terrorismo islámico beneficiaba al Gobierno.

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Creí en un primer momento en la autoría islámica del atentado del 11-M, pues a ello apuntaba poderosamente la actitud de los socialistas, premiando de modo inmediato a los presuntos asesinos mediante la retirada de las tropas de Irak. Porque la lógica del asunto era esta: el PSOE consideraba a Aznar, no a los terroristas, el verdadero responsable de la matanza y en sus manifestaciones callejeras le llamaba asesino abiertamente y de modo encubierto en las declaraciones oficiales. Lo mismo pensaba la jefa comunista –nada mejor que nazi– de la Asociación de Víctimas del 11-M, montada por el Gobierno para dividir y desacreditar a la AVT mientras colaboraba (el Gobierno) con la ETA. El fondo del discurso de esa gente era que los terroristas tenían sus buenas razones para cometer la masacre, pues con ella no hacían sino responder a la agresión de Aznar por su ayuda al derrocamiento del genocida Saddam. Ayuda moral, no con tropas, pero se daba a entender lo contrario. Este sí parecía a la izquierda un crimen merecedor de todos los castigos. Y de paso los terroristas habían dado un último y apreciado empujoncito al PSOE para alcanzar el poder, cosa muy digna de gratitud. La retirada de las tropas que ayudaban a los irakíes a defenderse de asesinos como los que habían atentado en Madrid venía a ser, en la práctica, la retribución por un gran servicio, así como la promesa a los islamistas de que la política española iba a ser mucho más comprensiva hacia ellos, como en realidad lo ha sido estos años.

La lógica política de los hechos salta, pues, a la vista: un servicio pagado con otro. Cosa distinta es que hubiera complicidad previa y conspirativa, entre el PSOE y los supuestos autores del atentado (curiosamente controlados o confidentes, varios de ellos, de una policía muy infiltrada y politizada por los socialistas). Esa complicidad anterior entre el Gobierno y los asesinos no está probada, como sí lo está la complicidad posterior y política. Además, el premio en Irak por la matanza en Madrid no demuestra tampoco la autoría de los islámicos, aunque el Gobierno de Rodríguez creyera en ella o lo fingiera, y tratase de hacer que la gente lo creyera. La degradación política de España, propiciada igualmente por el PP futurista, hacía que la colaboración política entre Rodríguez y los islámicos pareciera una cuestión indiferente, o hasta positiva. Lo malo, lo intolerable para mucha gente, había sido lo contrario, la colaboración para derrocar a Saddam y reconstruir, con mejor o peor acierto, un Irak más libre.

Y así llegamos a la alucinante sentencia judicial por el caso: unos individuos medio delincuentes comunes y medio perturbados habrían perpetrado el mayor atentado de la historia europea precisamente en vísperas de las elecciones españolas y lo habrían hecho sin ningún motivo político claro y sin autor intelectual. Simplemente porque sí. Mientras, la esposa del juez –un juez pro socialista– trataba de sacar provecho de un caso tan sensacional preparando sobre la marcha un libro con confidencias de su marido. Todas estas cosas sólo pueden pasar sin mayor efecto en un país podrido en todos sus poderes, ejecutivo, judicial y legislativo, y en casi todos sus medios de comunicación de masas. Comunicación masiva de basura.

Bien, la lógica de los hechos era claramente ésta, pero no del todo concluyente, como me hizo ver en su día Luis del Pino. Que el PSOE tuviera el mayor interés en atribuir el atentado a los islamistas, incluso al margen de Al Qaeda, y los recompensara, no demuestra que estos fueran los verdaderos autores, sino sólo que la jactanciosa complicidad política con el terrorismo islámico beneficiaba al Gobierno en un país anestesiado por unos medios basura y por un partido de oposición ficticia. Algunas personas, no conformes con la extraña –por decir algo–sentencia judicial, han seguido investigando valientemente en medio de la indiferencia de una mayoría, ya digo, anestesiada. Y van sacando nuevos datos que, sin permitir todavía la resolución del caso, dejan ya plenamente en evidencia la absoluta degradación a que ha llegado la política en España.

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