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Lavar los pies al bandido

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Una de las escenas más repulsivas que han venido ocurriendo cuando la ETA asesinaba a alguien, era la visita del lendacari a los familiares del muerto. Todos saben que dicho individuo tiene en su mano grandes recursos legales para combatir el terrorismo, pero no los usa, y nadie ignora que su política trata de obtener rentas de la sangre fingiendo situarse entre dos “extremos”: los criminales y las víctimas. Sus declaraciones gemebundas e hipocritonas con motivo de los atentados equivalen a mañas del caimán en acecho.

Pues bien, ante las valientes y claras palabras de Maite Pagazaurtundua y de Rosa Díez, es de esperar que ese espectáculo caimanesco y nauseabundo se haya acabado. ¡Por fin algunas personas han osado caracterizar a los capos nacionalistas sin pelos en la lengua, sin caer en el concurso de bajeza y falsía a que nos tienen acostumbrado los políticos! ¡Ya era hora, por Dios! Es de esperar que en adelante, ante cada atentado, las víctimas y los políticos no corrompidos señalen claramente a los Ibarreches y Arzallus, y les estropeen la farsa de la compunción ante el dolor de los “malos vascos” o de los “maketos” mientras piensan cómo servirse de la operación para impulsar el proyecto miserable de Sabino Arana.

Proyecto parcialmente compartido –en lo que tiene de antiespañol, aunque no en los aspectos llamados sociales– por los socialistas de Zapatero, el mismo que ante la crisis con Marruecos fue a darle cancha al déspota marroquí y se dejó fotografiar bajo un mapa que incluía en Marruecos a las Canarias, Ceuta y Melilla; el mismo que intrigó para desbancar a Redondo Terreros y sustituirlo por el patético lacayo Pachi López; el que en Galicia ha hecho frente común con el partido gallego más separatista y parecido a Batasuna. Zapatero considera al PNV un partido “democrático”, con el que es imprescindible el acuerdo haga lo que haga, mientras, con la autoridad de los ciento veinte años de imaginaria honradez, y de no menos imaginaria lucha contra las dictaduras y el terrorismo, pone en cuestión las credenciales democráticas del PP.

Esta farsa recuerda cierta leyenda. Como es sabido, Teseo, en su camino a Atenas, hizo frente y mató al bandido Esciro o Escirón, que obligaba a sus víctimas a lavarle los pies. Lavar los pies es un símbolo de la purificación del alma, dice Paul Diel, pero purificar un alma muerta es sólo un trabajo insensato y humillante, que el bandido inflige por pura burla. Algo así como lavar los pies al criminal hace el PNV con la ETA cuando trata de justificar los crímenes con referencias a un “conflicto histórico” provocado, en realidad, por la vesania aranista; y la misma faena realiza, a su vez, el PSOE de Zapatero con el PNV cuando pinta de democrático a este partido racista y explotador del terrorismo. En la leyenda griega, Esciro terminaba lanzando de un puntapié a sus lavadores por un acantilado. Quizá sea el destino que se están buscando PNV y PSOE.

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