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Los catalanes nos quieren gobernar

Sólo después de lograda esta reivindicación elemental, vendrá a cuento plantearse la cuestión de Vigo, bien como ciudad estado aparte, bien como capital del estado suevo-galaico, que eso también convendría discutirlo sin precipitación.

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Parece que el documento de Xan o Brétemas sobre la Galicia sueva ha levantado ronchas. La misma Cristina Losada insiste, con terquedad femenina, en un Vigo independiente como ciudad estado. Vamos a ver, Cristina, te lo digo con todo cariño y amistad, que espero no enturbien estas discrepancias ideológicas. ¡Si en lo fundamental estamos de acuerdo, mujer! ¿Quién puede ignorar el hecho diferencial vigués cuando tantos y tan documentado estudios se han publicado ya sobre él y, por lo demás, basta llegar a Vigo para darse cuenta, o darse de cuenta, como allí decimos? Pero, ¿es acaso una reivindicación para ahora mismo, para ponerse a gritarla ya por las calles? ¡Pues no! Y deploraría herir tus sentimientos, pero la realidad se impone, y en este instante, en esta etapa histórica, lo que procede es el estado suevo, del Duero al Cantábrico, y por el este hasta donde determinen los estudios académicos pertinentes, sea Ávila, sea Salamanca. Después –¿entiendes?–, sólo después de lograda esta reivindicación elemental, vendrá a cuento plantearse la cuestión de Vigo, bien como ciudad estado aparte, bien como capital del estado suevo-galaico, que eso también convendría discutirlo sin precipitación. Cada cosa tiene su tiempo, Cristina.

¡Y bien se nota que hoy vivimos en el mundo de Internet y que todo llega a todas partes! Acaba de mandarme una señora o señorita de Reus el siguiente mensaje, firmado por Francesc Bofarull y Bofarull, de la universidad Pompeu Fabra y ex detective. Como me llega lo transmito, sin alterar una coma:

«No quisiera yo entrometerme en los asuntos internos de la oprimida hermana nación gallega, pero me ha suscitado indignación el artículo del señor Carballeira O´Flanaghan, de la universidad de Princeton, que quizá por estar en esa universidad, de cuyo prestigio nadie duda, y yo quien menos, cae en cierta arrogancia y se siente autorizado a inmiscuirse en los asuntos catalanes. También aquí tenemos universidades, señor Carballeira, acaso no tan rimbombantes como la suya, pero en las que también realizamos un trabajo callado, serio, científico y me atrevería a decir que ejemplar en más de una faceta.

Usted, señor Carballeira, se ha permitido aludir a un hecho histórico cierto, indiscutible, comprobado, como es la derrota de los barceloneses en 1714, luchando por la libertad nacional, y equipararlo a la supuesta y nebulosa derrota de los gallegos el 16 de junio de 576. Eso, señor Carballeira, me recuerda las tiradas del orate Sabino Arana sobre la fecha de la imaginaria batalla de Padura en defensa de las libertades vizcaínas. El mismo orate que, cuando los catalanes de bien le solicitaron unidad de acción contra la opresión española, osó escribir, ni más ni menos: “Cataluña es española por su origen, por su naturaleza política, por su raza, por su lengua, por su carácter y por sus costumbres. Ustedes, los catalanes, saben perfectamente que Cataluña ha sido y es una región de España. Maketania comprende a Cataluña, y maketo es el mote con que aquí se conoce a todo español, sea catalán, castellano, gallego o andaluz”. Palabras injustas, hirientes, imperdonablemente ofensivas y ajenas a cualquier realidad científica. No digo que Arana no acertase en otros muchos temas; los catalanes no somos fanáticos, somos carolingios y sabemos distinguir y reconocer los méritos ajenos. Pero en estos dos asuntos es indiscutible que patinó ridículamente. ¡Españoles los catalanes! ¡La batalla de Padura! A otro perro con esos huesos.

Y usted, señor Carballeira O´Flanaghan –por cierto, ni sus apellidos ni su universidad nos impresionan aquí lo más mínimo– está patinando igual que Arana, mezclando el mito y la ciencia, la historia y la leyenda. Además, buen hombre, ¿qué personaje encarnaría la derrota de las libertades gallegas? ¿El rey Miro, que fue quien las traicionó? ¿Hubo alguien que las defendiera heroicamente, como aquí Rafael Casanova, nuestro héroe nacional por excelencia? No confunda ni compare, señor Carballeira, no invente mitos, que aquí en Cataluña estamos de vuelta de todo eso y asentamos nuestras reivindicaciones en hechos sólidos, científicamente constatables e indiscutibles, y por eso nos permitimos exhortarles a seguir nuestro ejemplo.

Doy por sentado, no hace falta decirlo, que usted es persona racional y dialogante, y entiende muy bien que le estoy haciendo una crítica con ánimo fraterno, pues a los catalanes, los vascos y los gallegos nos une nuestra lucha común contra la siniestra España. Y ese sentimiento es el que debe prevalecer, si bien, como dice el dicho, “juntos, pero no revueltos”. Y lamentando profundamente tener que escribirle en el despreciable idioma que nos han impuesto a todos por la fuerza de las armas, le saludo cordialmente en el espíritu de la unión y el esfuerzo liberador.»

¿Qué les parece? A mí, personalmente, me ha indignado la misiva. ¿Quién es el arrogante? ¿Quién pretende dar lecciones? ¿Así entienden los catalanes la fraternidad? Espero que Carballeira sepa replicarle como merece, dejando a salvo el honor gallego.

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