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Los lamentables problemas de Joan Cullà

¿Fue lamentable el derrocamiento de la autocracia zarista? ¿Fue lamentable que el régimen soviético construyera numerosas escuelas? ¿Fue lamentable que –según decía– dicho régimen acabase con la "explotación capitalista"?

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El señor Joan Cullà, historiador, según dice, siente entusiasmo por la República, y le molesta muchísimo que Josep Piqué la haya calificado de etapa muy lamentable (¡alguna vez habría de acertar el señor Piqué!). El señor Cullà es, además, un optimista desbocado sobre sus propias cualidades como argumentador pues, asegura, "la réplica es fácil: ¿fue lamentable la concesión a Cataluña del Estatuto de Autonomía de 1932? ¿Fue lamentable que, en el bienio 1931-33, aquella República tan nefasta construyese más escuelas que la monarquía alfonsina durante las tres décadas anteriores? ¿Fue lamentable dar el voto a las mujeres, intentar la despolitización del ejército, la secularización del Estado, la reforma agraria?"

¡Y tan fácil es la réplica, facilona más bien, por no decir pueril! Así argumenta un profesor universitario, nada menos, en el El País. A ver qué le parecen estos otros argumentos al señor Cullà: "¿Fue lamentable el derrocamiento de la autocracia zarista? ¿Fue lamentable que el régimen soviético construyera numerosas escuelas? ¿Fue lamentable que –según decía– dicho régimen acabase con la "explotación capitalista"?" Y así sucesivamente. O, ya más próximos: "¿Fue lamentable que el franquismo instituyese la seguridad social? ¿Fue lamentable que redujese el analfabetismo a porcentajes marginales? ¿Fue lamentable que redujese la población penal a mínimos históricos? ¿Fue lamentable que, al llegar las amnistías de la transición, los presos políticos fueran casi exclusivamente antidemócratas (comunistas y terroristas)? ¿Fue lamentable que elevara el nivel de renta de los españoles con más rapidez que nunca antes o después?"

Y concretando los problemas del señor Cullà: el estatuto de autonomía fue lamentable en cuanto que no resolvió el conflicto creado por los nacionalistas, pues éstos lo vieron sólo como una etapa en un horizonte cada vez más secesionista; y en cuanto que, por ello, lo conculcaron y utilizaron fraudulentamente para preparar una auténtica guerra civil ya en 1934. Por no hablar de lo que hicieron a partir de julio del 36. Lamentable, en efecto.

¿Fue lamentable la construcción de escuelas en la república? No, claro, pero conviene rebajar las cifras de la propaganda a las cifras reales; y resultó muy lamentable que, con pretextos demagógicos, lo poco que se adelantó entonces se echara a perder con la persecución a la enseñanza católica y la liquidación de centros muy prestigiosos, entre ellos lo único parecido a una facultad de ciencias económicas que había en España. Y también debe lamentarse que esa construcción de escuelas fuera acompañada de la quema de otros centros de enseñanza, de importantes bibliotecas, etc. Y es lamentable que el señor Cullà mencione sólo del primer bienio, olvidando que los presupuestos de enseñanza, nunca muy altos, aumentaron en el segundo bienio.

¿Y qué decir del voto de las mujeres? Buena parte de la izquierda lo consideró muy lamentable, como es sabido, e incluso se opuso a él con el poderoso argumento

"democrático" de que las mujeres votarían mayoritariamente a las derechas, en lo que tal vez acertaran.

En cuanto a la despolitización del ejército, no hubiera sido nada lamentable, pero por desgracia se hizo exactamente lo contrario, como cualquier historiador debiera saber.

Lo mismo con respecto a la "secularización del Estado" Las izquierdas impusieron por rodillo una Constitución no laica, sino anticatólica, es decir, contraria a los sentimientos y creencias de la mayoría de la población, infringiendo de paso diversas libertades básicas, como reconoce el propio Azaña.

Y, en fin, la reforma agraria... Algo extraordinariamente lamentable, por su ridícula extensión y por la carga de demagogia y odio con que fue acometida. Fue uno de los grandes fracasos del primer bienio, y la lectura de Azaña al respecto no le haría ningún mal al señor Cullà.

Y ya, puestos en ese plan, ¿fue lamentable la quema de conventos, bibliotecas y escuelas? ¿Fue lamentable la Ley de Defensa de la República que reducía a poca cosa los derechos ciudadanos? ¿Fue lamentable la insurrección, planteada como guerra civil, del PSOE, los nacionalistas catalanes y otros, en 1934? ¿Fueron lamentables las elecciones de febrero del 36, en un clima de violencia e irregularidades? ¿Fue lamentable el proceso revolucionario extremadamente violento abierto por esas elecciones y el anómalo triunfo del Frente Popular? ¿Fueron lamentables la posterior y arbitraria revisión de actas para reducir a la inoperancia la representación derechista, o la destitución de Alcalá-Zamora, o la liquidación de la independencia del poder judicial?

Por poner unos cuantos problemas sobre los que el señor Cullà podrá, si le apetece, reflexionar larga y espero que provechosamente.

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