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Los nuevos escamots

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El rector de la Universidad de Barcelona ha impuesto la censura e impedido la libertad de expresión a Gotzone Mora, hecho doblemente significativo y revelador por ser ella una víctima la presión terrorista que sufre Vasconia y por serlo, además, en la Universidad. El rector ha justificado su agresión a la libertad y a quienes sufren el terror con el argumento de la necesidad de una “superioridad moral” sobre los terroristas, superioridad que, por lo visto, no tiene la profesora víctima y sí la tiene él apoyando a los victimarios. El individuo, un nacionalista catalán, emplea las mismas argucias que el PNV, de una hipocresía y una desvergüenza insuperables. Que tales bellaquerías tengan curso entre una parte de la población, revela a su vez la profunda degradación moral producida por tantos años de propaganda nacionalista no resistida, o incluso alentada por quienes debieran haberla afrontado.

Para dicho rector, gente como Otegui e Ibarreche, a quienes ha facilitado el derecho que niega a sus víctimas, comparten con él mismo esa “superioridad moral”. Los líderes del nacionalismo vasco en sus ramas terrorista y supuestamente no violenta, y otras gentes de ese estilo, han podido expresarse sin trabas ni incidentes en esa universidad que entre todos ellos desacreditan. Por el contrario, las personas opuestas al chantaje nacionalista y la violencia, como Savater o Vidal Quadras, han sido insultadas, amenazadas y agredidas por una especie de nuevos “escamots” nacionalistas, con la comprensión y la absoluta tolerancia del hipócrita rector, que ahora ha dado un paso más, mostrándose él mismo como un “escamot” contra Gotzone Mora. Por eso, por premiar a los violentos y castigar a las víctimas, algunos le han acusado de cobarde. No lo es, en absoluto. Incluso ha tenido el valor, digámoslo así, de presentarse con su verdadero rostro.

En los años 30, al revés que ahora, el nacionalismo vasco parecía pacífico, mientras que el catalán se mostraba sumamente violento. Las milicias de la Esquerra, los “escamots” (pelotones o patrullas, nombre afín al de las “escuadras” mussolinianas) obraban como fuerzas provocadoras, vigilando y golpeando a los disidentes, destrozando periódicos desafectos, actuando como partidas de la porra en las campañas electorales, actuando policialmente con la cobertura de la Generalidad, o preparando la insurrección de octubre de 1934 contra el gobierno democrático. Actualmente el nacionalismo catalán gusta presentarse como democrático y no violento, en contraste con el vasco, pero se mantiene una tradición “escamot” de baja intensidad y una actitud de chantaje y amenaza difusa pero muy extendida. Existe, además, una clara simpatía del nacionalismo catalán por el terrorismo nacionalista vasco. Todo lo que el primero exige al segundo es que no actúe en Cataluña. Fuera de eso, les parece excelente en cuanto debilita a España, como ha puesto de relieve, una vez más, la actitud del rector barcelonés.

Sin tener en cuenta esta realidad será imposible afrontar debidamente a los nacionalismos balcanizantes, ni en el terreno político ni en el de la propaganda. La denuncia debe ser incesante, y urge recuperar el tiempo perdido.

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