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Mito y seudo mito

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Aunque sobre la naturaleza de los mitos no cesa de especularse, podemos considerarlos, en general, relatos con capacidad de inspirar sentimientos y conductas éticas y religiosas, que refuerzan la identidad comunitaria. Serían un ( por no decir el) fundamento de las culturas. Si hemos de creer a Paul Diel, “la vida cultural de todos los pueblos comienza por la creación de mitos, fuente común de la religión, el arte, la filosofía y la ciencia”. Incluso si se los quiere tomar “por fabulaciones carentes de cualquier sentido profundo y verídico, no se les puede negar su belleza, punto de partida de las diversas expresiones artísticas”. Por otra parte, “la ciencia de nuestra época, si bien supera en mucho, por la precisión de sus formulaciones, la expresión enigmática y simbólica de los mitos, está lejos de superar la verdad profunda de éstos, que engloba el sentido de la vida entera”.

Para Diel, los mitos revelan sus verdades en forma simbólica, y sólo partiendo de una psicología científica puede interpretarse con precisión su contenido, el cual, de todas formas, el espíritu humano intuye o presiente con más o menos claridad desde tiempo inmemorial. Analizar las afirmaciones del pensador austríaco-francés me desborda un tanto, pero vale la pena hacer un par de observaciones.

La universalidad de los mitos sugiere que son una necesidad de la psique humana. Lo indica también el hecho de que las ideologías irreligiosas no han podido prescindir de crear sus propios mitos, como el del “buen salvaje”, la “raza aria”, el “proletariado”, etc., de mitificar a diversos personajes emblemáticos (fundadores de la causa, o grandes promotores de ella), y de fomentar en torno a tales imágenes un consenso y una aceptación que refuercen la identidad y la estabilidad colectivas.

Una segunda observación atañe al simbolismo. Tomados literalmente, los mitos son simples y evidentes falsedades. Pero si aceptamos un sentido no literal, sino simbólico, la primera cuestión es el por qué de ese lenguaje enigmático: ¿por qué no se expresan de manera directa? Seguramente por la dificultad o quizá imposibilidad de expresar de otro modo su elusivo contenido (el sentido de la vida, según Diel).

Ahora bien, una vez conocido el “truco”, es decir, la simbolización, sería fácil crear mitos artificiosamente y a voluntad, como quizás hacen las ideologías, a fin de fomentar la adhesión política. Algo así proponía Jordi Pujol cuando exhortaba a los nacionalistas catalanes a inventar mitos inspiradores de fervor, y ponía como ejemplo a los griegos actuales que, según él, no tienen nada que ver, étnica ni culturamente, con los griegos antiguos, y sin embargo han llegado a creerse sus descendientes y, mejor aún, han llegado a hacérselo creer a casi todo el mundo. ¿Por qué los nacionalistas catalanes no podrían alcanzar logros similares?

Vistas así las cosas, habrá que distinguir cuidadosamente entre los mitos como expresión espontánea y figurada de una difícil verdad, y los seudomitos, elaboraciones fabricadas ex profeso por las ideologías y que, por lo común, ni siquiera tomados como simples fabulaciones valen gran cosa, por su falta de belleza.

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