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No sólo los políticos mienten

Esta equiparación entre mentiras y políticos de un régimen totalitario y de un régimen democrático constituye de entrada un perfecto engaño, al disimular el hecho de que el primero se basa institucionalmente en la mentira

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Una forma de mentir consiste en equiparar cosas muy distintas. Por ejemplo, en un artículo de El País dedicado a las mentiras y alejamiento de los políticos respecto de la sociedad, Ignacio Sotelo equiparaba a los dirigentes de las antiguas dos Alemanias. Kohl sería un mentiroso que se creía sus propias mentiras porque "estaba tan persuadido de las virtudes milagrosas del capitalismo que eliminó de un plumazo la economía estatalizada, aun al precio de arrasar toda la infraestructura industrial, porque en poco tiempo las fuerzas del mercado producirían una prosperidad generalizada". Como para compensar, también critica a los políticos de "la antigua República Democrática Alemana", la cual "se derrumbó como castillo de naipes, al actuar los dirigentes como si fuera verdad la propia propaganda. La mayor parte de la población era consciente de que a la mayor brevedad había que llevar a cabo reformas, menos la gerontocracia gobernante, convencida de que para salir del atolladero bastaba con las viejas políticas". Esta equiparación entre mentiras y políticos de un régimen totalitario y de un régimen democrático constituye de entrada un perfecto engaño, al disimular el hecho de que el primero se basa institucionalmente en la mentira, mientras que en el segundo la mentira puede ser denunciada y costarle el puesto al político de turno.
 
Obsérvese además la tosca manipulación con respecto a Kohl: no le atribuye una creencia en las virtudes del capitalismo –bien obvias para quien compare los balances de las dos Alemanias–, sino en unas "virtudes milagrosas", de las que ni Kohl ni nadie tiene la menor idea. Hablar así es deshonesto, y su objetivo de desacreditar la democracia queda claro en la reverente alusión a la "República Democrática Alemana" el estado policiaco de la ex Alemania oriental. Al llamarla así, Sotelo acepta y promueve la mentira brutal sintetizada en ese título. Nuestro autor parece creer que aquel régimen, bien simbolizado por el muro de Berlín, no debía haberse derrumbado sino consolidado mediante oportunas reformas. La manipulación culmina en el curioso aserto de que la tiranía cayó "al actuar los dirigentes como si fuera verdad su propia propaganda". ¿Y por qué no se derrumbó antes, habida cuenta de que los dirigentes actuaron así durante nada menos que 45 años? La evidente causa del derrumbe fue el ansia de libertad de las gentes en un momento de debilidad del sistema, causado por las reformas que estaban hundiendo el irreformable sistema en la URSS… de la cual no era la "República Democrática" más que un satélite. Peculiarísimo el análisis de un intelectual que desea convencer a los políticos de los perjuicios de la mentira.
 
El mismo rancho encontramos cuando dirige su atención a España: "Así como Felipe González y los suyos siguen negando hasta el día de hoy que incluso los condenados por sentencia firme tengan algo que ver con los GAL, o con el uso indebido de los fondos reservados, José María Aznar y los suyos niegan la evidencia de que entre el 11 y el 14 de marzo trataron de desinformar a la opinión pública, al insistir en una "línea de investigación de ETA" que no pudo existir por faltar hasta el indicio más insignificante en que basarse". Pero hay una diferencia muy sustancial entre una actividad delictiva como la del PSOE y un error parcial y muy explicable del PP, basado en muchos indicios, algunos de los cuales subsisten, sobre la autoría o complicidad de la ETA. Además, Sotelo miente al sugerir que el gobierno sólo investigó a la ETA, cuando desde muy pronto tomó en cuenta la pista islámica y lo hizo público.
 
La perversión de equiparar un delito con un error relativo se completa con el olvido de la verdadera mentira de aquellos días, la urdida por el PSOE, con ayuda de partidos que pactan con el terrorismo y se benefician de él, para desviar la culpa de los asesinos y cargarla sobre el gobierno. Tanto la ETA como el terrorismo islámico son enemigos jurados de la democracia y de España, y la única diferencia en relación con el 11-M consiste en que, si los criminales eran islámicos, la izquierda y los nacionalistas podían manipular a la opinión pública en perjuicio del gobierno y beneficio de los terroristas, cosa ya imposible en el caso de la ETA. Y así ocurrió.
 
Con tal habilidad analítica se entiende que Sotelo termine felicitando a Rodríguez por el hecho de que nadie recuerde un discurso ni una frase de éste durante los años de la Gran Corrupción, de los ataques a la independencia y separación de los poderes, de las maniobras contra la prensa independiente, de la combinación del crimen de estado y la claudicación con el terrorismo, etc. Rodríguez sólo ha destacado en las intrigas internas del partido, pero todo ello le parece a Sotelo una prueba de "inteligencia y discreción", de conducta "sabia". Nuestro deslumbrado analista asegura, en fin: "Nadie negará que una de las preocupaciones dominantes de Zapatero desde que fue elegido secretario general, y que ha reiterado sin cesar desde que es presidente, es abrir Gobierno y partido a la sociedad". "Nadie negará", asegura osado. ¿Se abre a la sociedad a base de hostigar las creencias y sentimientos religiosos de la mayoría de los españoles, de promover un sistema francamente deseducativo en la enseñanza, de premiar a los terroristas islámicos y aliarse con los cómplices morales y políticos del terrorismo etarra y con los separatistas…? Seguramente sí, pensará el de la República Democrática Alemana, gigantesca mentira en tres palabras.
 
Se sale de esta crítica el examen de las recetas esbozadas por el articulista, algo ingenuas aunque no del todo insensatas, con vistas a mejorar la vida parlamentaria. Baste indicar que él ensalza como una deseable manifestación de "socialismo de los ciudadanos" la actuación de la señora Manjón, una burda explotación del dolor para exculpar a los terroristas y atacar a los políticos en general, pero a los del PP muy en particular.

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