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Pacifismo y europeísmo

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De creer a los pacifistas, sólo ellos aman la paz, y los demás seríamos belicistas en mayor o menor grado. Pero al hablar de esos movimientos se impone empezar por una evidencia: si por ellos fuera, Europa estaría hoy bajo el yugo nazi o en manos de los comunistas. Los pacifistas, o han estado del lado de la tiranía (recuérdese su lema “Antes rojos que muertos”) o han pretendido poner en el mismo plano aquélla y la libertad. Esta indiscutible realidad histórica echa por tierra sus argumentos seudomoralistas, impresionantes para los ingenuos. El negocio ha sido más dañino que un idealismo vacuo aunque bien intencionado, pues sabemos perfectamente cómo muchos de esos movimientos fueron instrumentados por la URSS en su estrategia para desmoralizar y paralizar políticamente a las democracias. En realidad el pacifismo es a la paz lo que el comunismo a los obreros, el feminismo a lo femenino o el PNV a los vascos, es decir, cosas muy diferentes y aun opuestas.

Ante el ataque pendiente a Irak, gran parte de los europeos se declara pacifista. Sin duda Sadam es un peligro serio en una zona especialmente conflictiva y de crucial valor estratégico y económico, y supongo que derrocándolo antes de que vuelva a ser capaz de nuevas agresiones, Bush espera de paso hacer una saludable advertencia a los regímenes iraní y saudí, también muy peligrosos por su modo de concebir el Islam. Esto son suposiciones que me hago, pues carezco de datos suficientes para formarme un criterio sobre el sentido real de la acción bélica. Naturalmente, la intervención useña corre el peligro de no resolver la situación, y sus adversarios advierten de que una guerra se sabe como empieza, pero no como acaba, etc. Pero ese no es un argumento, pues los riesgos forman parte de la vida, y en muchas circunstancias no hay otro remedio que asumirlos. Podemos recordar cómo el conflicto yugoslavo se arrastró sangrienta e interminablemente, gracias, en muy buena medida, a esa seudosabiduría europea. Sea como fuere, las protestas y lágrimas por Sadam parecen harto excesivas y fuera de lugar.

También suena a falso el coro de lamentaciones por la ineptitud europea para adoptar una política única al respecto, la cual todos suponen debiera ser la del eje París-Berlín. Pero, ¿por qué Europa entera debería supeditarse a esos dos países, que últimamente vienen incumpliendo acuerdos económicos importantes, con perjuicio para todos? De momento, al eje franco-alemán le ha salido la competencia, dicen, del triángulo Londres-Madrid-Roma. Pero estos bloques no pueden tener estabilidad. Obsérvese nuestra posición un tanto ridícula, por decirlo de algún modo. España es el único país europeo que soporta una colonia, posesión del “amigo” inglés. Según los tratados, los españoles tendrían que derramar su sangre en defensa de esa colonia, mientras que los “aliados” ingleses no tienen la menor obligación con respecto a las ciudades españolas de Ceuta y Melilla. Es más, basta ver su comportamiento cuando la crisis de Perejil para hacerse una idea al respecto.

En muchos asuntos Europa difícilmente adoptará una línea común, y tampoco surgirá una especie de patriotismo europeo, porque es ajeno a la tradición y la historia del continente. Quizá ocurra dentro de bastantes años, cuando todos hablen inglés como lengua fundamental y la cultura esté homogeneizada, es decir, cuando Europa ya no sea Europa.

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