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Perspectivas para España

Otra causa de esterilidad es precisamente la aversión predominante hacia los grandes logros, de alcance mundial, de la cultura española en su Siglo de Oro, a la Reconquista, etc.

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Hacia el final de Nueva historia de España señalo que, aunque el español es el idioma más hablado en Occidente, después del inglés, "resulta muy baja su producción en ciencia, arte, pensamiento, solo algo mejor en literatura. Y existe una tendencia a que incluso esa precaria cultura superior se realice cada vez más en inglés, satelizada al mundo anglosajón". Esto no es propiamente una opinión o una tesis, sino la mera constatación de un hecho, que marca una profunda decadencia intelectual.

Una tendencia, debe añadirse, de la que ni siquiera existe conciencia en nuestro país, y que no se debe tanto a una presión "imperial" o imperialista, según afirman muchos, como al entusiasmo anglómano de gran número de mediocres intelectuales y profesionales, agentes voluntarios y gratuitos, por pura inconsciencia o estupidez, del desplazamiento y supeditación del español como lengua de cultura superior (y, en realidad, de cualquier nivel). Toda sociedad sobrevive enfrentándose a retos que le plantea la historia, venía a decir Toynbee, pero cuando esos retos o amenazas ni siquiera son percibidos, el desastre está garantizado.

El caso es que el problema no puede abordarse desde una actitud puramente defensiva o purista, que serviría de muy poco. La realidad de esta decadencia profunda bajo las triunfales cifras de cientos de millones de hispanohablantes es que "Hoy por hoy, España carece de ímpetu cultural para orientar una evolución creativa, y tampoco se perciben otros países de Hispanoamérica capaces de hacerlo [como, en cambio, lo hace Usa en relación con Inglaterra]. La potencia espiritual demostrada por España en otros tiempos podría servir de acicate para un renacimiento en los actuales". Pero otra causa de esterilidad es precisamente la aversión predominante hacia los grandes logros, de alcance mundial, de la cultura española en su Siglo de Oro, a la Reconquista, etc. Uno podría pensar que quienes expresan ese desdén lo hacen porque aportan algo superior, pero en realidad solo propagan tontería seudocrítica. Cierto, también, que tampoco sirven las beatas y acartonadas loas que solían hacerse a aquellas épocas en tiempos del franquismo, pero no es obligatorio ir de un extremo a otro. En Nueva historia he atendido a algunos factores del esplendor del siglo XVI que suelen pasarse por alto. Por ejemplo, a la amplitud y calidad de la enseñanza superior. Hoy la hemos ampliado extraordinariamente, pero a costa de la calidad y de la originalidad. Y el esfuerzo realizado puede redundar, finalmente, en beneficio de la cultura anglosajona.

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