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¿Por qué el progresismo es filopedófilo?

No la defienden abiertamente –todavía no, porque entienden que el rechazo social sigue siendo demasiado fuerte, los "tabúes" cristianos no se erradican de la noche a la mañana–, pero todo se andará: crean la atmósfera propicia para su desarrollo.

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Debido a que rara vez piensan en las implicaciones y consecuencias de sus tópicos, los progres se han enfadado por mi denuncia de que favorecen la pederastia. Por supuesto, cada poco se descubren redes de pederastas que son seguramente la punta del iceberg y nada tienen que ver con la Iglesia, muy al contrario. En estos casos son noticia volátil y apenas reciben atención de los medios. El caso del club Arny (que los progres intentaron presentar como una persecución contra los homosexuales) también se diluyó en la nada. Lo que interesa a los progres es atacar a la Iglesia y lo hacen, precisamente y en buena medida, porque saben que la Iglesia condena claramente la pedofilia. Utilizan para ello cualquier arma, incluso una tan de doble filo para ellos como la de los curas pederastas.

Veamos los hechos: el progresismo concibe el acto sexual como un juego placentero sin más complicación ni mayores consecuencias. Y si las tiene en el sentido más crudo de que la mujer o la chica quede embarazada, ven la solución en liquidar la vida humana en el seno de la madre. Existen, claro está, otros factores, sentimentales y emocionales, opuestos a la concepción progre de la sexualidad, concepción trivializante que por sí sola tiende a destruir la familia. Una de sus manifestaciones es la negación del papel del padre en la concepción o en la familia, pues niega el tópico igualitarista de la progresía. Los resultados están a la vista: cientos de miles de abortos, verdaderos crímenes si consideramos al embrión algo más que una acumulación de células semejante a un tumor; cientos de miles de divorcios, con sus costes emocionales (y económicos) frecuentemente muy altos, con cientos de miles de niños criados en hogares monoparentales, esto es, hogares mutilados. Sin duda tiene mucho que ver con todo ello la expansión de la droga, el alcoholismo, la delincuencia juvenil y una larga serie de síntomas de un mal muy profundo, de una salud social verdaderamente desastrosa. 

Otro aspecto, que aquí interesa directamente, es la promoción alcahueteril de las relaciones sexuales a edades cada vez más bajas, creando entre los niños ambiente propicio a ellas y de rechazo del pudor. Porque el progresismo pinta tales cosas como una "liberación", un "progreso" (¿cómo no van a ser un progreso, si se oponen a la enseñanza tradicional cristiana?). En esa alcahuetería están enfrascados el Gobierno colaborador, no por casualidad, de la ETA, de las dictaduras y del aborto, y una multitud de periodistas y "educadores", y es por sí sola una forma de pederastia y corrupción de menores. Ahora bien, si estos adultos promueven activamente la relación sexual entre individuos de edad muy baja, ¿por qué no hacer lo mismo entre esos niños y los adultos que les "instruyen" y que, naturalmente, son más expertos y hasta, podrían decir en su demagogia, más responsables? Desde el punto de vista progre no hay absolutamente ningún argumento en contra. Simplemente, esos políticos y "educadores", aun si muchos de ellos no practican la pederastia, están creando el ambiente propicio para que esta cunda al máximo. No la defienden abiertamente –todavía no, porque entienden que el rechazo social sigue siendo demasiado fuerte, los "tabúes" cristianos no se erradican de la noche a la mañana–, pero todo se andará: sin decirlo, crean la atmósfera propicia para su desarrollo. Un desarrollo que vemos a diario, como el de tantos otros registros de degradación moral.

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