Menú

Republicanos

0
La palabra republicano se usa mal por la mayoría de los historiadores al referirse a la II República española y a la guerra. Todos ellos admiten que a partir del 19 de julio de 1936, cuando los sindicatos fueron armados por Giral, se produjo un movimiento revolucionario, cayendo por tierra la legalidad –lo poco que ya quedaba de ella– del régimen, viéndose el gobierno Giral reducido a una entelequia sin autoridad práctica, arrastrado por los acontecimientos que él mismo había desencadenado. No obstante, y con total inconsecuencia, muchos historiadores siguen hablando impertérritos del “bando republicano”, opuesto al de los sublevados.

Como también es sabido, el inane gobierno Giral fue sustituido, al mes y medio, por otro que fuera capaz de ordenar un poco el maremagnum revolucionario. Entonces los aludidos historiadores afirman que el estado republicano recuperó su ser. Pero basta observar la composición de dicho gobierno para comprobar una realidad muy distinta. Presidido por Largo Caballero, organizador de la insurrección de octubre del 34, cuyo objetivo era derrocar la república y sustituirla por un régimen de tipo soviético, incluía a comunistas, posteriormente a anarquistas… y también a algunos autodenominados republicanos, como el mismo Giral, ahora ministro sin cartera. Evidentemente, tal gobierno no guardaba la menor continuidad con la república instaurada el 14 de abril del 31. Ni siquiera Giral, Azaña y los suyos podían pretender tal continuidad, por cuanto al haber armado a las masas habían acabado de romper con la Constitución, adoptando ellos mismos una actitud revolucionaria.

Sin duda, hablar de una “bando republicano” durante la guerra civil, suponiéndolo continuidad de la II República, constituye un típico fraude propagandístico, que no deja de serlo por mucha aceptación de que goce en medios académicos y periodísticos.

Pero el fraude se extiende más allá en el pasado. Casi toda la historiografía adjudica el calificativo de republicanos, con preferencia o exclusividad, a una parte de ellos, los de izquierda, los seguidores de Azaña, de Marcelino Domingo, luego los de Martínez Barrio, etc. Sin embargo, esos partidos eran pequeños, mal avenidos y de escasa representatividad. Había, en cambio, un partido republicano, el más tradicional, pero moderado, el Radical de Lerroux, con muchos más diputados e influencia social que todos los de izquierda juntos. Lerroux venció la insurrección antirrepublicana de octubre del 34, y luego optó por Franco al continuar la guerra en el 36, y quizá por todo ello casi nunca recibe el título de republicano, monopolizado por los grupillos de la izquierda que apoyaron moralmente –al menos– a los insurrectos del 34 y acabaron de traicionar a la Constitución y al régimen cuando ordenaron el reparto de armas.

Se dirá que disputar por palabras es vano. No lo es cuando las palabras, en vez de servir para entendernos, son usadas para falsificar la realidad y enturbiar la memoria histórica, como ocurre en este caso.

En Tecnociencia

    Lo más popular

    0
    comentarios

    Servicios