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Sindicatos del crimen

Esta gente ha demostrado plenamente ser capaz de tales actos gangsteriles, del antenicidio o, ahora mismo, de la campaña contra la COPE, contra Telemadrid por medio de sindicatos mafiosos, o contra Jiménez Losantos, o del intento de meterme en la cárcel.

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Cebrián, cuya evolución no necesita glosa, llamó "sindicato del crimen" al grupo de periodistas que, cumpliendo una exigencia democrática, sacaron a la luz algunas hazañas del partido de los cien años de honradez. No pudieron sacarlo todo porque no daban abasto y porque el periodismo de investigación se acabó prácticamente entonces, mientras Aznar, llegado al poder gracias sobre todo a esfuerzos ajenos a su partido, prefirió "pasar página".

Pero está claro quiénes componían el sindicato del crimen, que nunca sintieron rastro de contrición por sus actos, sino un ciego afán de revancha y de castigo a quienes les habían echado de tantas poltronas. Recordamos el video gangsteril sobre Pedro J, realizado por servicios supuestamente al servicio de la ley; hemos olvidado muchas otras fechorías, unas menores, otras comparables. José Luis Gutiérrez mencionaba algunas en Días de papel, tales como las inspecciones intimidatorias de Hacienda o el caso de "la desventurada Encarna Sánchez, a quien ni siquiera en la tumba dejan en paz" con "burlas sin cuento a causa de su supuesto lesbianismo" (¡quiénes iban a hablar!), espionajes telefónicos o informáticos y un largo etcétera.

Una de las acciones de "castigo" más brutales fue el hundimiento de Diario 16, un periódico emblemático de la transición, por medio de CCOO y de un empresario afín al PSOE. Primero, el sindicato comunista organizó una huelga con "ataques de una violencia inusitada, amenazas de muerte, una escopeta de cañones recortados esgrimida contra el director del periódico, palizas a quiosqueros y distribuidores, kioscos, furgonetas y paquetes de periódicos incendiados" a finales del 1993 y principios de 1994. El diario perdió por la huelga más de la mitad de sus ventas. Aun así sobrevivió de momento, pero en 1995 el aludido empresario cercano al gobierno lo compró con el fin de echar a Gutiérrez, operación simultáneamente de castigo y de liquidación de una voz crítica ante las elecciones de 1996. Y así ocurrió, en enero de este último año: "'Hay que cortar la argolla que sujeta la red, una vez cortada, todo caerá', había dicho un conocido dirigente político. La argolla era el director del periódico." Desde entonces Diario 16 malviviría unos años, en total declive.

Esta gente ha demostrado plenamente ser capaz de tales actos gangsteriles, del antenicidio o, ahora mismo, de la campaña contra la COPE, contra Telemadrid por medio de sindicatos mafiosos, o contra Jiménez Losantos, o del intento de meterme en la cárcel. La novedad es que el PP, el de Rajoy, se ha sumado al sindicato, feliz de que este le dé cancha y tratando de imitar su demagogia. La palabra del nuevo PP es el diálogo. Habida cuenta de que el significado concreto de esa palabra, en boca del Gobierno, consistía en los tratos infames con los asesinos, contra la ley, y la marginación de las víctimas, el diálogo del PP con los del "talante" significa el acoso conjunto a las voces críticas y a la libertad de expresión. Como primera medida.

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