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Soluciones utópicas

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Reflexiona González de Cardedal en ABC sobre el 11 de septiembre, tratando de "mirar con perspectiva para comprender lo ocurrido". Pero su perspectiva sorprende cuando invoca lugares comunes sobre los agravios de los países árabes "Muchos países islámicos han sentido como una ofensa a su identidad una serie de intervenciones de los Estados Unidos en el mundo. Algunos países para defenderse primero utilizaron el petróleo, luego el dinero y hoy vidas humanas" ¿Defenderse de qué? Básicamente, de la existencia de Israel, que ven como una llaga intolerable en el cuerpo del mundo musulmán. Pero, con la misma razón, los países occidentales de estirpe cristiana podrían ver algo parecido en los musulmanes bosnios o albaneses, y sin embargo han hecho una guerra para protegerlos.

El articulista considera un error una respuesta militar de Washington porque "comenzará una guerra entre cristianos y musulmanes". La guerra, por desgracia, ha sido ya declarada por los terroristas, y si efectivamente los islámicos son en su mayoría pacíficos, como afirman, son ellos los primeros interesados en denunciar, aislar y perseguir a aquellos. En cambio dan la impresión, muy a menudo, de seguir la línea contraria. En todo caso, hacer creer a los fanáticos en la impunidad de sus golpes serviría para multiplicar éstos, y les permitiría arrastrar o imponerse a los pacíficos.

No menos extraña es la cita de un texto leído en la mezquita de Nairobi: "Occidente llora los muertos de Manhattan, pero olvida los muertos de Irak, Palestina, Chechenia o Cachemira. ¿Sois capaces de imaginar toda la amargura sentida por los musulmanes?". Recordar los muertos de Irak o Palestina (los de Chechenia o Cachemira tienen poca relación con Occidente), olvidando que el gobierno irakí invadió otro país, y que la mayoría de los políticos palestinos mantienen su aspiración de echar a los judíos al mar, es deformar los hechos. Por otra parte, Irak e Irán se han causado mutuamente muchos más muertos, como Jordania a los palestinos, pero esos no parecen suscitar amargura. Y hablando de matanzas, no sobraría mencionar las cada vez más frecuentes cometidas por musulmanes contra cristianos en diversos países de Asia y África en los años últimos.

Predica González de Cardedal que "la riqueza mundial debe crecer proporcionalmente", para evitar estos conflictos. Eso sería muy deseable, claro, y si él tiene la receta, todos se la agradeceríamos. Pero los países islámicos, y otros muchos, son casi todos regímenes extremadamente corruptos y despóticos, donde, no ya las libertades, pero ni la propiedad ni siquiera la vida están garantizados frente a la arbitrariedad del poder. ¿Cómo pueden prosperar, en tales condiciones? ¿Es que habría que invadirlos para imponerles regímenes menos brutales?

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