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Una Europa vieja y necia

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Uno de los argumentos que más empleaban los europeístas, ya en los años 60, era la necesidad de crear una potencia capaz de establecer un equilibrio entre Usa y la URSS. La pretensión mostraba una ingratitud sangrante hacia quienes habían salvado a Europa de los nazis y de los soviéticos, y una injusticia pareja al igualar a los liberadores con quienes, en aquellos años, hacían pesar sobre Europa occidental la peor de las amenazas. La deuda moral, política y material (el plan Marshall) contraída por Europa es de tal magnitud que no puede extrañar que muchos no la perdonen.

Los europeístas hablaban de una Europa imaginaria, capaz de traer al mundo mayor tranquilidad, libertad y seguridad, gracias a su pacifismo, su experiencia histórica y su brillante cultura. Pasaban por alto hechos como que, después de la guerra mundial, varias potencias europeas, en especial Francia, habían mantenido guerras coloniales muy sanguinarias, que su experiencia era en muchos casos muy triste, y no servía necesariamente para afrontar nuevos desafíos; y finalmente, que su cultura había sufrido algo parecido a un semicolapso después de los años 30. Desde entonces la cultura, tanto en sus aspectos populares como en los más elevados, ha venido y sigue viniendo fundamentalmente de Usa.

El espíritu sopla donde quiere, y parece haber abandonado a una Europa que no cesa de hacer tonterías. Hace poco todavía tenía en su propio suelo la guerra de Yugoslavia, la cual, si fuera por Francia o Alemania, continuaría aun hoy, y podría haberse extendido. Pero, de repente, les ha dado a esos países por ponerse duros con Usa en relación con Irak arguyendo con autoridad moral irrisoria. ¿Tiene razón Usa para atacar a Sadam? Parece que la situación de Irak era simplemente improrrogable y, o se permite a Sadam consolidarse en una región extremadamente sensible, o se le derroca. Usa está por lo segundo, Francia por lo primero. Las dos son soluciones posibles, y al menos terminarían con las mayores penurias materiales de los irakíes. Pero el derrocamiento, si sale bien y aunque no garantice una democracia (eso resulta sumamente improbable) sería una sana advertencia a otros países de la zona que venían amenazando cada vez más la estabilidad occidental y que tomarán nota de la determinación useña de defender sus intereses. Consolidar a Sadam, en cambio, significa dar alas al peligro terrorista e islamista, no sólo del tirano iraquí, sino de muchos más. Y ese peligro acecha en primer lugar a una Europa vieja y necia (no siempre la vejez aporta sabiduría) que, como en Yugoslavia, prefiere cerrar los ojos a la realidad y no correr ningún riesgo, dejando aumentar la amenaza, y pataleando puerilmente contra Usa, poniéndole zancadillas, pero esperando siempre que ésta venga a sacarle las castañas del fuego.

Algunos pintan la actitud franco-alemana como la auténtica política exterior europea. De ningún modo. En cuanto a España, ya que hoy por hoy debe elegir, ¿debería seguir a Usa o a Francia? La elección viene dada. ¿Cómo optar por una Francia débil, pretenciosa, inconsecuente y maniobrera, que hace poco mostró la medida de su solidaridad con nosotros en la cuestión de Perejil, y a la que debemos buena parte de nuestro problema terrorista, aunque haya rectificado parcialmente su vieja postura?

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