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Una típica canallada

Estas son las cosas que no quieren recordar los herederos del Frente Popular, enemigos de la libertad de expresión y de la investigación independiente, y amigos de la subvención.

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El historiador Á. D. Martín Rubio iba a organizar unas conferencias sobre la batalla de Belchite en esa misma localidad. La reacción canallesca de la izquierda se manifestó en la revista pornopolítica Interviú:

En Belchite, el pueblo aragonés que Franco consagró como símbolo de su victoria, aún sigue sonando el ‘Cara al sol’" [Puede sonar legalmente, y con mucha más legitimidad que la Internacional, el himno del Gulag]. Mientras las víctimas republicanas permanecen olvidadas bajo tierra, el sacerdote de la comarca se enfrenta a la alcaldesa socialista y permite que los franquistas se reúnan en la iglesia para reivindicar sus crímenes [No hay tales víctimas "republicanas" –¿y cómo no las han desenterrado, con tanta subvención y propaganda?– ni tales crímenes franquistas allí. Menciona también "el pueblo arrasado durante la guerra", olvidando que lo arrasó el Frente Popular]. Encarnación Maluenda (la alcaldesa socialista) está a punto de cumplir los 83, pero no hay tiempo que logre borrar aquella maldita mañana del 1 de septiembre de 1936, cuando el sacerdote de Belchite (Zaragoza) ofreció su bendición a los falangistas que minutos después fusilarían a su padre. La víctima se llamaba Isidro Maluenda y dirigía la banda de música local. Motivo suficiente para ponerlo de rodillas, agujerearle el cráneo a balazos y enterrarlo en una fosa común junto a otros 22 vecinos. "El cura fue el primero en firmar para que mataran a mi padre", recuerda la mujer [Esta señora está moralmente enferma. Podría imitar a los muchos sacerdotes y católicos asesinados por los suyos, que murieron perdonando. Por lo demás, su relato tiene todo el aspecto de un cuento "chino". Parece que los nacionales fusilaron a todos los directores de bandas de música, ya que ese fue el único motivo].  Encarnación, sus dos hermanas y su madre salieron vivas de los bombardeos que entre el 24 de agosto y el 6 de septiembre de 1937 convirtieron las calles en un auténtico infierno [Cierto, fueron los rojos quienes bombardearon y destruyeron el pueblo]. El dictador Francisco Franco decidió (...) construir un nuevo Belchite a 500 metros. Para ello se sirvió de los presos republicanos de la zona, que hicieron de esclavos [Falso: no hubo trabajo esclavo en el franquismo. Sí lo hubo, en cambio, en el bando contrario y en la URSS, su modelo]. Hoy viven unos 1.500 vecinos que, como entonces, siguen divididos entre vencidos y vencedores. "Aquí hay muchas heridas abiertas", explica el hijo de Encarnación. Se llama Isidro, igual que el abuelo asesinado [Las heridas habían cicatrizado hace muchos decenios, pero están siendo reabiertas por el actual Gobierno].

En fin, la derecha es tan asustadiza que ha suspendido las conferencias. Belchite y pueblos próximos fueron el lugar de una heroica resistencia de los nacionales ante una gran ofensiva del Frente Popular (el cual nunca inspiró actos heroicos ni remotamente parecidos): los rojos emprendieron el ataque con una superioridad abrumadora (no menos de 120.000 soldados, 200 aviones y más de cien tanques. No hagan caso de la Wikipedia), que se estrelló frente a la resistencia de fuerzas numéricamente insignificantes, hasta permitir la llegada de algunas tropas y aviones nacionales más, que, todavía muy inferiores a los rojos, bastaron para restablecer la situación. Vale recordar que los voluntarios catalanes del Tercio de Montserrat se distinguieron extraordinariamente en Codo. Estas son las cosas que no quieren recordar los herederos del Frente Popular, enemigos de la libertad de expresión y de la investigación independiente, y amigos de la subvención, como vemos.

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