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Steve Jobs contra los sindicatos de profesores

Steve Jobs tiene razón en apuntar a los sindicatos como el peor de los problemas que confronta el sistema educativo, porque incentivan y protegen la mediocridad.

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Los conocimientos de Steve Jobs, presidente de Apple, van mucho más allá de las computadoras. En una reciente conferencia sobre reformas a la educación, se refirió a la inamovilidad lograda por los sindicatos de maestros como algo dañino para la educación de los niños.

"¿Qué tipo de gente fueran los gerentes de las empresas si al contratarlos se les prohibiera despedir a aquellos empleados que hacen mal su trabajo?". Jobs contestó su propia pregunta insistiendo que bajo tales condiciones sería difícil contratar a buenos administradores. Según Jobs, el problema con nuestras escuelas es que "han sido sindicalizadas de la peor manera", ofreciendo estabilidad en el trabajo de por vida a los maestros.

La respuesta de Edward McElroy, presidente de la Federación Americana de Maestros, fue inmediata, denunciando que Steve Jobs está "totalmente equivocado al criticar el duro trabajo de los educadores y del sindicato".

En California, los sindicatos de maestros se han convertido en poderosos cabilderos, con mucho dinero para defender sus posiciones y un considerable poder político. Durante años, los sindicatos contribuyen con grandes cantidades de dinero a las campañas políticas para asegurar su poderosa influencia en los pasillos del poder. Estas hábiles campañas publicitarias han ocultado durante décadas la realidad: que los sindicatos de maestros están haciendo daño a la misma gente que pretenden servir: los estudiantes.

Como señaló Steve Jobs, muchos de los contratos existentes impiden que los directores de las escuelas despidan a malos maestros y los aumentos automáticos de salarios eliminan los incentivos a un mayor esfuerzo e impiden la instrumentación de nuevos métodos para mejorar la calidad de la educación. Lamentablemente, el sistema actual premia la mediocridad y el bajo rendimiento.

A pesar de ello, muchos maestros sí hacen grandes esfuerzos. Fui maestra y comprendo las presiones y dificultades de ese trabajo, pero no considero conveniente que los miembros de los sindicatos de maestros tengan privilegios especiales, de los que no gozan los miembros de otros sindicatos. Como todo el mundo, los maestros deben ser premiados en base a su propio éxito y deben rendir cuentas sobre su propio desempeño. Que no puedan ser despedidos significa que los niños serán mal educados.

En Estados Unidos, los maestros reciben buenos salarios, más de 30 dólares la hora, salario por hora superior al promedio percibido por contables, programadores de computadoras, arquitectos, ingenieros y topógrafos. También gozan de vacaciones más largas que todos los demás.

Steve Jobs tiene razón en apuntar a los sindicatos como el peor de los problemas que confronta el sistema educativo, porque incentivan y protegen la mediocridad. Profesores, votantes y políticos deberían centrar el debate en lo que importa: tener a los mejores maestros en las aulas. Los sindicatos podrían pasarlo mal, pero los estudiantes mejorarán su situación.

© AIPE

Rachel Chaney es académica del Pacific Research Institute, San Francisco.

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