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Rafael Rubio

Sonría, por favor

Aunque pueda sorprender al conocedor de la salud pública cubana, Fidel no está en un pasillo; es más parece que disfruta de una habitación individual, en la que tiene una cama e incluso un sillón.

Rafael Rubio
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El sentido de la vergüenza de los dictadores va disminuyendo con los años; basta con ver uno de esos programas de "Alo presidente" en los que Hugo Chávez canta rancheras, baila salsa, nombra y cesa ministros, aprueba leyes y firma cheques en su tristemente famosa chequera negra, con la que regala a sus colegas "neocomunistas" lo que sólo corresponde al pueblo venezolano; pero con la enfermedad la desvergüenza se agrava hasta alcanzar el ridículo. Fidel Castro nos ha regalado en su 80 cumpleaños una nueva foto para el álbum de dictadores enfermos en el que, junto a la foto de Franco despachando con el rey en pantuflas y batín, ocupará siempre un lugar destacado.

Se trata de una fotografía más propia de un secuestrado que de un enfermo convaleciente de una gravísima enfermedad. Con un chándal Adidas de la selección cubana, junto al periódico del día, que anuncia en grandes letras su autoabsolución en una noticia sobre la noticia que haría las delicias de Borges, y sin ningún elemento reconocible que ayude a identificar el paradero en el que se encuentra. El pie de foto, "El caguairán se levantó", completa un retrato que no desmerecería del "Diario de un secuestro" de su amigo Gabo.

Con tan escasa información a la vista, los analistas internacionales se habrán puesto a investigar cualquier mínimo detalle para su localización. Ahí van algunas pistas: aunque pueda sorprender al conocedor de la salud pública cubana, Fidel no está en un pasillo; es más parece que disfruta de una habitación individual, en la que tiene una cama e incluso un sillón. Intuyo que tendrá desayuno, comida y cena, y no tendrá que llevar todos los días la tartera desde su casa; no le faltaran sábanas limpias, que le irán cambiando al menos una vez al día, sin necesidad de pedirlas prestadas a un vecino, porque hace años que no reparten en la bodega. Además tiene cara de haber tenido acceso a las medicinas necesarias para tratar su enfermedad, y no ha necesitado acudir a los turistas para que le provean con alguna de las escasas medicinas que pueden introducir legalmente en la isla. Por todo lo anterior me atrevo a adivinar que se trata de uno de esos hospitales cubanos "sólo para extranjeros y dirigentes de la revolución" que han hecho de la mítica sanidad cubana uno de esos productos de lujo, un producto de exportación, de pasaporte y divisas, a costa de los cubanos de a píe.

Quizás esta sea la Sanidad, uno de esos "logros sociales" de la revolución, que sus defensores se empeñan en perpetuar a la muerte de Castro, la sanidad que han podido disfrutar muchos de ellos y que se ha convertido en un nuevo "invento" para extender la revolución. Tras el fracaso de las guerrillas por Suramérica y África son los médicos cubanos los que están "conquistando" Venezuela, Bolivia o Angola y a todo tipo de visitantes extranjeros que, como Maradona, terminarán agradecidos tatuándose la efigie del Che e irán por el mundo convertidos en apóstoles de la revolución. Los médicos cubanos que, como modernos misioneros de la espada y la cruz, siguen causando asombro allí donde van, porque nadie sabe realmente quién les ha llamado, y, entre el malestar generalizado de la población. con una mano quitan el trabajo a los médicos nacionales y con la otra predican la revolución.

Rafael Rubio, consultor y experto en comunicación política.

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