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Ramón Villota Coullaut

El tráfico de drogas y su posible despenalización

Si el tráfico de drogas se despenalizara habría más consumo pero más seguro, la delincuencia se reduciría y los recursos que se liberarían de la lucha contra el tráfico ilegal podrían emplearse en otros campos, posiblemente mucho más provechosos

Ramón Villota Coullaut
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Con la situación de Méjico, en donde los carteles de la droga se enfrentan entre ellos y tienen cada día más poder, vuelve a surgir la idea de la despenalización del tráfico de drogas que incluso ha comentado el ex presidente González. Una despenalización del tráfico de drogas –el consumo no está penalizado– que habría de realizarse de forma conjunta, puesto que no tendría sentido alguno llevarla a cabo únicamente en un país. El ejemplo holandés, tan sólo aplicable a las denominadas drogas blandas, no ha sido del todo positivo y ha incrementado el consumo de este tipo de drogas –aunque disminuido el de las duras– además de provocar un efecto llamada.

Pero fuera de estas composiciones, la pregunta es fundamentalmente la de si la libertad del individuo puede llegar a perjudicar su salud e incluso a ocasionar su propia muerte. Aunque, eso sí, si el debate vuelve a surgir ahora es por la situación de Méjico y porque la lucha contra las mafias que comercian con la droga no parece tener fin. Y esto se debe a que existe un mercado y siempre habrá quien quiera obtener un beneficio por copar ese mercado, sea de forma legal o ilegal. Por tanto, nos encontramos ante dos preguntas distintas, puesto que una cosa es hasta dónde llega la libertad del individuo sobre su propio cuerpo y otra el problema de orden público del lucrativo negocio del tráfico de drogas.

Respecto a la primera pregunta, entiendo que debiera haber límites a la venta de drogas, pero nunca una prohibición absoluta. Límites que deben centrarse en indicar una edad desde la que se pueden consumir, así como tratar de prevenir contra dicho consumo en todas las edades; pero el tráfico de estas sustancias debería estar permitido, pues abarataría su coste y disminuiría los efectos sobre la salud de muchos drogadictos, que al final no conocen ni lo que toman. Una cosa es ayudar dando información y otra muy distinta es prohibir una conducta que en sí misma sólo perjudica a quien la realiza, y en todo caso a sus allegados más directos. Pero, al fin y al cabo, estamos hablando de la libertad del individuo.

Si la respuesta es la contraria y la idea de la que se parte es la de que el individuo no tiene libertad para perjudicar su salud, entonces la prohibición del tráfico de drogas se debe mantener, incluso en el consumo (cosa que actualmente no ocurre en España, donde es delito el tráfico, pero no el consumo de drogas).

Es evidente que dependiendo de la respuesta que se dé, la segunda pregunta se contestará de manera distinta, puesto que si se entiende que las personas tienen libertad para decidir sobre su salud, entonces no tiene sentido prohibir el tráfico de drogas, siendo lo más lógico regularizarlo (lo que daría más seguridad a los propios consumidores y bajaría los precios de unas sustancias que están llevando a la delincuencia a muchos de esos usuarios). De la misma forma, si se entiende que las personas no pueden perjudicar su salud libremente, la lucha contra el tráfico ilegal de drogas debiera mantenerse.

En mi opinión, si el tráfico de drogas se despenalizara habría más consumo, pero más controlado y, por lo tanto, más seguro, la delincuencia se reduciría y los recursos que se liberarían de la lucha contra el tráfico ilegal podrían emplearse en otros campos, posiblemente mucho más provechosos

Ramón de Villota Coullaut es abogado, puede contactar con él aquí.

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