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Ramón Villota Coullaut

Una reforma racional

Ramón Villota Coullaut
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Con el acuerdo de este jueves entre PP y PSOE se vuelve a modificar una Ley Orgánica, la 4/00, sobre derechos y libertades de los extranjeros y su integración social, modificada por la Ley Orgánica 8/00, de 22 de diciembre. La situación anterior era la que sigue: los extranjeros tenían dos vías para entrar en España, o bien como turista o bien para trabajar. Esto implicaba la existencia de tres situaciones para los extranjeros residentes en España, de estancia, de residencia temporal y de residencia permanente. La estancia consiste en la situación del turista, de 90 días máximo, pero ampliable. La residencia temporal –cinco años– consiste en la situación de quien, en la práctica, aunque no siempre tiene que ser así, desea trabajar en España; con lo cual, en la mayor parte de las ocasiones, debiera de ir conjuntamente con un permiso de trabajo. Y la situación de residencia definitiva se da en los casos de quienes desean renovar su inicial permiso de residencia temporal, para evitarles una situación de interinidad no deseable para nadie.

El problema se presentaba en que el salto de la situación de turista a residente con permiso de trabajo había convertido en un imposible. El permiso de trabajo lo concedía hasta ahora el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales en ciertos supuestos, atendiendo a la preferencia de los españoles sobre los extranjeros. Además, con la todavía vigente Ley Orgánica, se prima el contingente de trabajadores extranjeros –el cupo–, que anualmente se fija en atención a nuestras necesidades y que ha sido un fracaso: los extranjeros, lejos de utilizar este sistema y solicitar desde su país de origen su entrada en España, han seguido introduciéndose en España para después buscar trabajo, ya desde aquí. Y es en este punto en donde se han encontrado con la imposibilidad de tener un contrato de trabajo, ya que les falta la autorización administrativa correspondiente, que pueden pedir, pero que muy posiblemente obtendrían, si es que llegaran a obtenerla, cuando la necesidad laboral ya esté cubierta por otro trabajador o, como suele suceder, que se encuentren trabajando sin papeles.

Esta situación es la que se intenta evitar, por lo menos parcialmente, dando la posibilidad, durante un periodo de 3 meses, a hijos y nietos de españoles de origen –fundamentalmente esta medida repercutirá en los emigrantes hispanoamericanos– de encontrar trabajo sin necesidad de obtener permiso de trabajo, de la misma forma que se abre esta misma posibilidad para ciertos sectores laborales, que habrán de concretarse reglamentariamente –el trabajo agrícola. En cualquier caso, con esta reforma se intenta evitar una situación muy frecuente en la actualidad, el que los extranjeros residentes en España sin permiso de trabajo se vean imposibilitados en la práctica para trabajar legalmente en nuestro país, lo que redundará en beneficios para esos trabajadores, que sufrirán menos abusos laborales, puesto que podrán reclamar sin temor, y también por parte de los empresarios, que podrán cubrir con mayor facilidad unos puestos de trabajo que los españoles no queremos o no podemos ocupar. Y lo que no es menos importante, la intención de la nueva ley es también luchar contra la emigración ilegal, dando la posibilidad a los extranjeros de entrar en España legalmente durante un corto periodo de tiempo con la finalidad de buscar trabajo, sin tener que depender de las mafias dedicadas al tráfico de personas.

En definitiva, la reforma actual viene a introducir un poco de racionalidad en la legislación de extranjería: los extranjeros residentes en España, se encuentren en la situación que se encuentren y siempre que entren legalmente en nuestro país, puedan buscar durante tres meses y encontrar colocación en España sin necesidad de pedir previamente un permiso de trabajo, para cuya obtención todavía es preciso demostrar que ese puesto de trabajo no puede cubrirlo un español. Un régimen éste que, como he indicado más arriba, aboca a los inmigrantes a la marginalidad y los deja en muchos casos indefensos ante los abusos de empresarios sin escrúpulos.


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