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Raúl Benoit

Entre Obama y McCain

La repetición de propuestas y las ideas poco innovadoras hacen que los gringos y los "nuevos gringos" que acaban de lograr la ciudadanía, como mi sobrina Diana, no tengan claridad y duden al escoger.

Raúl Benoit
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Mi sobrina Diana me preguntó qué candidato le recomendaba para votar en las elecciones de Estados Unidos: "¿el demócrata Barack Obama o el republicano John McCain?". Le respondí sin reflexionar que me iba con Obama porque, presumo, representa el cambio. Al fondo escuché a su esposo, David, preguntar: ¿entre la Coca-Cola y la Pepsi, qué diferencia hay? Al principio el interrogante me pareció alejado de la política, pero después comprendí el mensaje figurado.

Diana está encantada de convertirse en ciudadana estadounidense. Ella vive en este país desde hace muchos años y al estrenar nacionalidad ansía ejercer el derecho al voto. La indecisión es normal, porque la vaguedad de los políticos genera confusión. No es fácil sugerir. Mucho menos podría explicarlo yo, que soy desconfiado en política. Supongo que ni el más experto en esos asuntos garantiza que las promesas de los candidatos se cumplirán. De todas formas, hice una fugaz revisión de lo que propone cada aspirante, especialmente en dos temas: economía e inmigración.

McCain dice que planea hacer crecer la economía creando más y mejores empleos; ayudaría a 23 millones de pequeñas empresas para que se desarrollen; suspendería impuestos a la gasolina; doblaría la deducción de impuestos por hijo a 7 mil dólares y dispondría de 10 mil millones para hipotecas fijas.

Obama propone darles alivio inmediato a las familias y a la vez promovería el crecimiento económico, también generando trabajos. Dispondrá de 50 mil millones para estímulos económicos. No especifica qué tipo de estímulos. Daría mil dólares de rebajas fiscales a la clase media y asistencia a los estados más afectados por la economía. Eso de estar ofreciendo billete ajeno es muy fácil.

"El frente de guerra contra el terrorismo no es Irak y nunca lo fue", comenta Obama. Ahí acertó. Promete retirar las tropas de Irak en 16 meses. ¡Excelente! Planea intensificar la guerra contra Al Qaeda, pero en Afganistán y Pakistán. ¿Seguir en guerra? En conclusión, igual que McCain.

Sobre inmigración, McCain asegura que el desarrollo de la economía en Latinoamérica es un factor que ayudaría a reducirla. ¡Pues claro! Afirma que Estados Unidos debe asegurar las fronteras, pero también reconoce que la demanda de trabajadores temporales es inevitable. Hay que resolver el problema de los indocumentados en forma humana, dice McCain. ¡Acertó!

Obama, como senador, votó a favor de construir el famoso muro en la frontera, pero se excusa explicando que lo hizo para proteger las vidas de las personas que cruzan el desierto. Señala que esta nación necesita un camino a la ciudadanía para los indocumentados que ya están aquí, pero que también hay que lidiar con los empleadores que los contratan, asegurándose de que cumplan con las leyes. Anuncia mayor vigilancia y seguridad en la frontera. Mensajes ambiguos.

Obama afirma que hay que hablar con el Gobierno mexicano y preguntarle qué hace falta para estimular su economía y así reducir la migración. Parecido a McCain. Indica que las redadas son buenas como imagen para mostrar que el Estado funciona, pero no resuelve el problema.

La repetición de propuestas y las ideas poco innovadoras hacen que los gringos y los "nuevos gringos" que acaban de lograr la ciudadanía, como mi sobrina Diana, no lo tengan claro y duden al escoger. Yo les recomiendo ver la plataforma política de una candidata jugosísima, Paris Hilton, heredera del multimillonario consorcio hotelero, quien decidió lanzarse al ruedo político como respuesta a un anuncio de McCain que utiliza su imagen para desairar a Obama, pintándolo como farandulero.

En represalia, Hilton hizo su propia propaganda, insultando a McCain, diciéndole viejo y proponiendo cambios banales, como pintar la casa blanca de rosado. Pero también presenta un plan energético combinando propuestas de los otros. McCain: exploraciones marítimas de petróleo. Obama: incentivos para una nueva tecnología de combustibles. La muchacha resultó creativa.

La comparación de David, el marido de mi sobrina, sobre la Coca-Cola y la Pepsi, en relación a los dos candidatos, se reduce a una pregunta: ¿cuál es más saludable? Ambos cautivan a su público, pero hacen daño a la salud y alteran los nervios. Consumir una u otra es cuestión de gustos. Reitero mi consejo: Hilton, quien sería un cambio refrescante.

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